Vivenciando un estado de bienestar
Queremos
partir esta semana, con una pequeña reflexión: ¿Cómo es posible que durante
nuestras clases se viva de manera pragmática el concepto de salud, estado de
bienestar o estilos de vida saludables? Ante esta interrogante surgen otras
dudas: ¿Estos tres conceptos se refieren a lo mismo? Al parecer para el común
de la gente son sinónimos, pero durante estas semanas intentaremos
diferenciarlos.
Durante la
primera clase de Fundamentos Antropológicos y Filosóficos de la Motricidad
Humana, veníamos con muchas expectativas e incertidumbres. Comenzamos una clase
que se transformaba poco a poco en un diálogo, el principio de que el
estudiante es el protagonista de su aprendizaje, lo estábamos vivenciando y si
ponemos un poco más de atención, la distribución de cómo estábamos ubicados nos
permitía mirarnos a la cara, interpretarnos de mejor manera y como alguna vez
me dijo una profesora: “más que vivir… debemos habitar los espacios que se
brindan para aprender”. Todo esto nos hizo reflexionar acerca de la didáctica,
de cómo con formas tan simples podemos vivenciar la temática propuesta: ¿Qué es
Salud?
Para
entender el concepto de vida saludable, es necesario definir qué se concibe por
Salud, la cual se define como “el completo estado de bienestar físico, psíquico
y social” establecida por la Organización Mundial para la Salud (OMS, 1960), ya
no sólo entendiéndola como lo ausencia de enfermedad, sino que se ha producido
una reconstrucción de dicha definición, con relación a considerar el medio
social donde se desenvuelve el sujeto, como parte importante en el
mantenimiento del estado de salud.
Como
menciona González (González et. al, 2007), “La sociedad actual demanda la
necesidad de incorporar a la cultura y a la educación, aquellos conocimientos,
destrezas y capacidades, que se relacionan con el cuerpo y la actividad motriz,
contribuyendo de forma armónica al desarrollo personal y a una mejora de la calidad
de vida”. Este autor también menciona, la importancia de que todas las alumnas
y alumnos adquieran hábitos saludables, con la finalidad de que
posibiliten sentirse satisfechos con su propia identidad corporal, la cual será
vehículo de expresión y comunicación consigo mismo y con los demás. Esto último
permitirá el disfrute del ocio y del tiempo libre, lo que les permitirá una
mejora en su calidad de vida.
Teniendo en
cuenta la complejidad del ser humano con sus dimensiones antagónicas, pero a la
vez complementarias, todo intento por definir la salud, deberá abordarla como
un complejo entramado que presenta conexiones interdependientes.
Como apunta Briceño-León (2000), "la salud es una síntesis; es la
síntesis de una multiplicidad de procesos, de lo que acontece con la biología
del cuerpo, con el ambiente que nos rodea, con las relaciones sociales, con la
política y la economía internacional" (p. 15).
Mientras en esta definición se le llama “síntesis”, la filosofía
oriental se acerca más a un “equilibrio dinámico” (Capra, 1988), que integra
incluso el concepto de enfermedad como parte de un estado variable que tal como
nosotros mismos y nuestro entorno, se mueve, adapta y reacciona, siendo
influenciado por cada estímulo. Para mantener este equilibrio, hay quienes
afirman que el hombre se encuentra en una constante lucha:
Detrás de toda condición de salud o enfermedad está el riesgo de su
alteración más o menos constante. Estas condiciones "son procesos
continuos; una lucha por parte del hombre para mantener su equilibrio contra
las fuerzas biológicas, físicas, mentales y sociales que tienden a alterar ese
equilibrio de salud" (Freitez, 2001, p. 2).
Cuando en esta “lucha”, nos sentimos abatidos o experimentamos un
“desequilibrio” es necesario abordar la salud con la complejidad inherente al
ser humano, destinando el tratamiento no tan sólo a un ámbito, mientras se
descuidan los otros.
El diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad, a nivel biomédico
exclusivamente, el uso de complicados procedimientos tecnológicos, que sin duda
han representado un salto cualitativo a nivel de la supervivencia en
enfermedades antes rápidamente mortales, han dejado de lado, en muchas
ocasiones, la aproximación más holística al cuidado de la salud, donde no sólo
se busque combatir la enfermedad sino promover el bienestar (Schwartzmann,
2003)
Se ha dejado de lado el bienestar por enfocarse en una lucha o combate
que termina por alejar la solución, nos cegamos tocando una parte del elefante
(en el cuento de los 6 sabios ciegos, cada uno tocaba una parte del animal,
mientras uno tocaba la pata decía “el elefante es como un pilar”, otro tocaba
la cola y decía “el elefante es como una cuerda”, de este modo cada uno tenía
una percepción limitada de la realidad), sin tener una comprensión o
consciencia de nuestra escasa comprensión de la realidad.
La salud es un hecho social tanto material como inmaterial. Por lo
tanto, se trata de un fenómeno multidimensional y multicausal que trasciende y
desborda la competencia estrictamente médica, relacionándose además de la
biología y la psicología, con la economía y la política, en tanto que es un
asunto individual y colectivo al unísono. (Alcantara, G., 2008)
Es
fundamental entonces, humanizar la medicina para acercar a las personas e
influir de manera positiva en los procesos y/o equilibrio del complejo sistema
o síntesis de multiplicidad de procesos que formamos parte. Pero ante esta
búsqueda por humanizar la medicina, se vuelve fundamental plantear y discutir
determinados cuestionamientos.
Es así, que
diversos autores no sólo plantean que la salud se relaciona con la ausencia de
enfermedad, sino que es un concepto multidimensional. De esta forma, Perea
(Perea, 1992), destaca la salud como el “conjunto de condiciones y calidad de
vida que permita a la persona desarrollar y ejercer todas sus facultades en
armonía y relación con su propio entorno”. Corbella (Corbella, 1993) definió la
salud como “una manera de vivir cada vez más autónoma, más solidaria y más
gozosa” y Rodríguez (Rodríguez, 2010), la define como “El proceso por el que el
hombre desarrolla al máximo sus capacidades, tendiendo a la plenitud de su
autorrealización personal y social”. Si analizamos estas concepciones de la
salud encontraremos que se muestra notablemente vinculado al concepto de
calidad de vida sana (Sánchez Bañuelos, 1996).
Según la
Organización Panamericana de la Salud - OPS, estilo de vida es la manera
general de vivir, basada en la interacción entre las condiciones de vida en su
sentido más amplio y las pautas individuales de conducta, determinadas por los
factores socioculturales y características personales. El entorno Saludable,
comprende los lugares donde viven las personas, su hogar, su comunidad, su
lugar de trabajo y esparcimiento, incluyendo el acceso a los recursos
sanitarios y las oportunidades para su empoderamiento (Nutbeam, 1996).
Sánchez
Bañuelos (1996) menciona que los estilos de vida se definen como el conjunto de
pautas y hábitos comportamentales cotidianos de una persona y también concuerda
con otros autores que aportan una definición sustancialmente parecida al
afirmar que el estilo de vida puede definirse como el conjunto de patrones de
conducta que caracteriza la manera general de vivir de un individuo o grupo. Es
así, que el Glosario de promoción de la salud (Junta de Andalucía, 1986)
menciona que "El estilo de vida de una persona está compuesto por sus
reacciones habituales y por las pautas de conducta que ha desarrollado durante
sus procesos de socialización. Estas pautas se aprenden en la relación con los
padres, compañeros, amigos y hermanos, o por la influencia de la escuela,
medios de comunicación, etc. Dichas pautas de comportamiento son interpretadas
y puestas a prueba continuamente en las diversas situaciones sociales y por
tanto, no son fijas, sino que están sujetas a modificaciones".
Por otro lado, cada vez toma más fuerza e importancia el concepto "Calidad
de vida" que le da mucho sentido a la longevidad, porque más importante
que llegar al destino, es disfrutar el camino.
Una crítica
a la biomédica actual y la forma en que se busca prolongar la vida bajo
"cualquier costo" es lo que se expone y critica muy concienzudamente
en el siguiente extracto:
La
aplicación, a veces indiscriminada de nuevas tecnologías, con capacidad de
prolongar la vida a cualquier precio, la complicada decisión de cantidad versus
calidad de la vida, y el terrible dilema ético de la distribución de los
recursos económicos en salud, ponen sobre el tapete la necesidad de conocer las
opiniones de los pacientes. (¿Se siguen haciendo tratamientos pretendidamente
curativos a un paciente con cáncer, fuera de estas posibilidades y aunque los
efectos secundarios superen ampliamente los beneficios y deterioren la calidad
de vida del paciente? ¿A quién compete esa decisión?). El modelo biomédico
tradicional excluye el hecho de que, en la mayoría de las enfermedades, el
estado de salud está profundamente influido por el estado de ánimo, los
mecanismos de afrontamiento a las diversas situaciones y el soporte social. Es
evidente que estos aspectos de máxima importancia en la vida de los seres
humanos serán los que más influyan a la hora de que los pacientes evalúen su
calidad de vida. (Schwartzmann, 2003)
Debemos
comenzar a tomar más en cuenta entonces, la opinión de los pacientes en cuanto
a su calidad de vida, pues en la medicina no hay protagonista, sino pares que
en conjunto pueden construir una realidad mucho más completa que de forma
individual y con esto tendrán una visión mucho más amplia de la realidad y por
consiguiente más y mejores soluciones que por cierto traerán consigo un proceso
más humano y agradable, tanto para los médicos, como para quienes padecen una
enfermedad y para sus familias.
Pacientes
asmáticos estudiados en distintas etapas de su enfermedad referían,
independientemente del estadio de su enfermedad, que hechos como pasarlo bien
en la vida, experimentar el dar y recibir amor, tener una actitud positiva ante
los sucesos de la vida cotidiana eran los factores que proporcionaban a la vida
su más alto grado de calidad. Podría acordarse, por tanto, que es también tarea
de la medicina optimizar las situaciones en las que es posible conseguir una
calidad de vida razonable, incluyendo la promoción de bienestar a través de
intervenciones psicosociales, cuando sea necesario, dentro de los tratamientos
habituales. (Schwartzmann, 2003)
La Calidad
de vida es fundamental en el tratamiento de cualquier enfermedad y en cómo se
aborda cualquier problema, pues debemos abordarla como un todo y cualquiera de
las dimensiones en la que influyamos de manera positiva, tendrá un efecto
beneficioso para la persona y su entorno (en toda la plenitud de la palabra).
Es claro que
calidad de vida es una noción eminentemente humana que se relaciona con el
grado de satisfacción que tiene la persona con su situación física, su estado
emocional, su vida familiar, amorosa, social así como el sentido que le
atribuye a su vida, entre otras cosas. (Schwartzmann, 2003)
En cuanto a
los hábitos de salud y los hábitos de vida, hemos concluido que están
íntimamente unidos, de manera que sería más apropiado hablar de hábitos
saludables de vida. Coreil en el año 1992 (Coreil, Levin & Jaco, 1992)
asocia los conceptos de hábitos saludables de vida, con el concepto de calidad
de vida y considera que se debe dar un paso más allá del modelo
salud-enfermedad y utilizar indicadores de un concepto de salud integral
bio-psico-social.
De esta
manera, al leer el artículo “Buen Vivir: ¿Una auténtica alternativa
post-capitalista?”, Cuadra (2105), nos plantea que “el Buen Vivir nos
advierte sobre la inviabilidad de continuar manteniendo el actual esquema de
producción y consumo…” y junto con eso nos hace un llamado a “lograr un equilibrio
entre las necesidades fundamentales de la humanidad y los recursos disponibles
para satisfacerlas”.
Entonces:
¿Qué entendemos por salud en nuestra realidad actual? La salud al
parecer es entendida por el mundo entero e incluso por distintas culturas como
el equilibrio entre las distintos componentes internos del hombre y así mismo
la mantención de este equilibrio y armonía con la naturaleza y la sociedad que
lo rodea. Esta concepción si bien ha sido desarrollada con distintos términos
por los autores que hablan de salud, aún mantiene la génesis de donde se
desprenden las diversas ideas sobre este concepto. Guerrero y
León (2008), publican un artículo que reúne algunas definiciones de salud
manifestadas en distintas culturas, filósofos, médicos y otros. Ellos pretenden
mostrar que el concepto de salud no es algo que cambie dependiendo del lugar
del mundo en el que estemos pero si lo ha hecho a través del tiempo.
Creemos que
el problema con la actualidad y con la sociedad ha sido la pérdida de la
importancia que tiene mantener el estado de bienestar. Sentimos que hemos
olvidado que la evolución debe llevarse en armonía con las necesidades tanto
materiales, como emocionales/espirituales del hombre. Leyendo este articulo nos
hace sentido el modo de vida que tienen las personas en oriente, donde podemos
ver que el deseo por mantener la salud, es algo que se mantiene a pesar de la
evolución material, no así en algunos países de occidente, entre ellos Chile,
donde al parecer estamos priorizando el crecimiento económico, desligándonos de
mantener el crecimiento personal y por consiguiente, olvidándonos de mantener
nuestro estado de salud.
Estos
autores también exponen ideas donde se desarrolla la salud social y como el
Estado debe cumplir con mantener este importante objetivo nacional. La salud
social hace completa referencia a las gestiones que realiza cada país por
darles a sus ciudadanos las condiciones óptimas para que estos puedan mantener
de forma individual su salud. Hoy en día y cada vez más, los Estados están más
ocupados en curar que en generar buenas condiciones para el bienestar
individual y colectivo.
Creemos que
debemos volver atrás y así como hicieron estos dos autores, aprender que la
salud es un equilibrio entre todos los componentes que se alinean con la
humanidad. Debemos seguir aprendiendo y generando ideas que puedan aportar en
la búsqueda para lograr el necesario equilibrio universal y por consiguiente,
nuestra salud.
Para cerrar,
nos gustaría dejarlos con una hermosa frase para reflexionar:
“El
oficio de la medicina no es sino tocar la curiosa arpa que es el cuerpo humano
y restituirle su armonía”. (Francis Bacon)
Bibliografía:
- Castro, P., López, A., Solís, P. & Valdebenito, B. (2013). Diseño y
validación de un instrumento de evaluación de estilos de vida saludable en
escolares entre 14 y 18 años de edad. Pontificia Universidad Católica de
Valparaíso. Facultad de Filosofía y Educación. Escuela de Educación
Física; Viña del Mar; Chile.
- Capra, Fritjof. Sabiduría insólita. Conversaciones con
personajes notables; Enric Tremps(Trad.) 2a Ed., Barcelona: Edit. Kairós,
1988. 394 p. ISBN: 84-7245-322-7
- Cuadra, F. D. L. (2015). Buen Vivir: ¿Una auténtica alternativa
post-capitalista? Polis. Revista Latinoamericana, (40).
- Guerrero, L; León, A. (2008). Aproximación al concepto
de salud. Revisión histórica. Revista FERMENTUM. Venezuela.
- Schwartzmann, Laura. Calidad de vida relacionada con la salud: Aspectos conceptuales. Cienc. Enferm. [revista en la Internet]. 2003 Dic [citado 2015 Jun 14]; 9(2): 09-21. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-95532003000200002&lng=es. http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95532003000200002.
- Alcantara M., Gustavo. La definición de salud de la Organización Mundial de la Salud y la interdisciplinariedad. SAPIENS [online]. 2008, vol.9, n.1 [citado 2015-06-14], pp. 093-107 Disponible en: <http://www2.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1317-58152008000100005&lng=pt&nrm=iso>. ISSN 1317-5815.
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