domingo, 21 de junio de 2015

¿Qué es el cuerpo?


Estimadas y estimados lectores, junto con saludar  les invitamos a reflexionar sobre un nuevo tema. Esta vez plantaremos una semilla sobre la concepción de nuestro cuerpo, que esperamos germine y crezca.

Desde los anales de la historia se le ha dado varios sentidos a nuestro cuerpo y en esta entrada daremos a conocer varias posturas desde Platón a visiones más contemporáneas de este pequeño gran tema que es nuestro cuerpo.

Esta interrogante nace en la última sesión, cabe señalar que en dicha sesión se le dio toda nuestra atención a nuestra corporalidad, a nuestros sentidos en el colectivo, a nuestras emociones y a nuestros movimientos e interacciones de nuestro propio ser y el del prójimo, una vez finalizada la sesión se nos hace esta pregunta, que aunque pareciera muy fácil de responder, nos enfrenta con una maraña de opiniones y concepciones. Entonces, ¿Qué es el cuerpo?

Según Platón el cuerpo es un recinto semejante a una prisión en donde el alma se mantiene resguardada a salvo, mientras purga sus deudas. Por su origen material el cuerpo era considerado constitutivamente malo y adverso al origen sano y espiritual del alma que procedía del mundo de las ideas (Platón V a. de C). Según Platón entendemos que la valoración del cuerpo es mínima y es tan solo utilizado como un recipiente para el alma, cual ánfora a las cenizas. Esta Visión Platónica ha evolucionado con el tiempo y diversos autores siguen discutiendo al ver el cuerpo como dualidad o un ser holístico, a continuación nace la propuesta del cuerpo-maquina, una concepción dualista de nuestro ser.

Vicente Pedraz (1989) afirma que la noción de dualismo proviene de la tendencia filosófica que separa radicalmente lo natural de lo cultural, lo material de lo inmaterial, lo bueno de lo malo. Es decir, se basa en contraposiciones dicotómicas en las que todo elemento A tiene su contrapunto B. Aplicada al ser humano, la concepción dualista entiende que estamos compuestos de una parte material -corpórea, física- y otra inmaterial -espiritual, mental-. Esta antítesis tiene dos consecuencias fundamentales: por una parte se marca un límite que separa la realidad anatomo-fisiológica de la mental-espiritual. Por otra, se otorga un papel de dependencia y subordinación de la primera frente a la segunda. El conocido aforismo cartesiano “cogito ergo sum” sintetiza cómo desde el dualismo la materialidad corporal se convierte en complemento de la esencia racional que identifica al ser humano.

Desde el dualismo, el cuerpo es básicamente materia; continente perecedero, corruptible y, también, mejorable que acoge la esencia inmaterial del ser humano. De ahí que su comprensión y su estudio se hayan buscado precisamente en la indagación de la materialidad (anatómica, bioquímica, etc.) y la funcionalidad (fisiológica, biomecánica, etc.) del ser humano.

Para ilustrar las consecuencias que se derivan de esta noción dualista del cuerpo nos serviremos del análisis de una metáfora a esa concepción y que ha sido, y es, profusamente utilizada para explicar el cuerpo: la metáfora del “cuerpo máquina”. Ya en el S.XVII Vesario en su “De Humani Fabrica” utilizaba la mecánica como analogía para la descripción de los componentes anátomo-fisiológicos y fisiológicos del cuerpo. Desde entonces, y de formas muy diversas, la máquina ha servido como modelo para ejemplificar la morfología y funcionamiento corporal (Laín Entralgo, 1970).

Distintos autores (Barbero, 1996; Colquhoun, 1992; Devís, 2000; Freund y McGuire, 1991; Tinning, 1990; Whitehead, 1992) coinciden en que la metáfora del cuerpo máquina, al subrayar los aspectos funcionales del cuerpo humano, más que ilustrar contribuye a dar sentido al concepto de corporeidad en una doble dirección. En primer lugar, al destacarse únicamente sus componentes mecánicos, indirectamente se marginan otros aspectos menos objetivables del movimiento. En segundo lugar, la comparación entre el ser humano y la máquina contribuye a configurar una visión racionalista y tecnocrática de la motricidad. Una excesiva preocupación por el resultado de la tarea contribuye a dejar de lado otros aspectos mucho menos cuantificables y más difíciles de controlar por un observador externo. Y, si bien pueden ilustrar aspectos parciales y aislados del comportamiento motriz, las teorías mecanicistas sobre el cuerpo no alcanzan a explicar globalmente un fenómeno tan complejo como el del movimiento humano, que incluye factores psicosociales, afectivos, culturales e incluso políticos y económicos.

Por otro lado, existen autores que consideran al cuerpo unido a la sociedad y al ser abordado por una concepción mecanicista, esta virtud se ve anulada.

En la sabiduría popular, el cuerpo no está separado del sujeto y no encuentra los limites en la piel, en el concepto del cuerpo se integra todo lo relacionado con la identidad social del mismo, como su familia, sus bienes, prácticas que mantienen el vínculo sujeto-medio. El sujeto es despojado de este vínculo al aproximarse al cuerpo desde una concepción mecanicista, el saber científico hace del cuerpo una entidad plana donde la dimensión simbólica se aniquila. (Fernández, R., 2005)

Desde un punto de vista más metafórico, Michel Foucault ha visto y estudiado al cuerpo también interconectado con la dimensión social, que dicho sea de paso, nos parece fundamental a la hora de buscar una significancia al concepto de cuerpo.

Foucault estudió al cuerpo como un eje principal en sus reflexiones, para él, el cuerpo es un texto donde se escribe la realidad social. Bajo esta inclinación, gran parte de sus investigaciones pasaron por examinar las formas de gobierno encaminadas a vigilar y orientar el comportamiento individual, a través de distintas instituciones; la medicina, la escuela, la fábrica, el ejército, etc. Y cómo a través de estas entidades se dota al individuo, de estrictas normas corporales; de una manera de actuar y de obedecer, que de ser exitosa, es un garante del orden social. (Sossa A., 2011)

No queremos obviar en esta reflexión, el rol que cumplen los medios en el concepto del cuerpo, ya que como lo hemos señalado, nos parece que la sociedad está definitivamente conectada con nuestra percepción y definición del cuerpo, los medios poseen un potencial muy elevado a la hora de influenciarnos.

El cuerpo se ha convertido en una especie de pizarra en la que reflejamos un sentimiento de identidad variable, una prótesis de uno mismo, se es lo que se muestra y se aniquila todo lo interior. Cambiando el cuerpo, la persona quiere cambiar su vida y su identidad. Los valores de la modernidad son los de un cuerpo joven, sano, esbelto e higiénico; aspectos que trabajan los publicistas y crean una imagen fantasma del cuerpo cotidiano, sólo visible en revistas y películas donde se exponen cuerpos lisos y puros. Pero el ser humano, es una creación del sentido que posee un cuerpo poroso, impregnado de la palabra colectiva con una acción simbólica, y no una máquina biológica que aniquila el sentido de lo humano. (Carrasco, A., 2008)

Por lo tanto, si queremos obtener una visión holística, respetuosa, valorable y compleja del cuerpo, es importante que consideremos cada área o ámbito que incide en nuestra percepción de éste. La diversidad y el respeto deben ser valores intransables a la hora de hablar del “cuerpo”, ya que si bien, encontramos similitudes entre una y otra persona, debemos ser ineludiblemente respetuosos de las diferencias entre uno y otro, aceptándonos y aceptando con cariño y afecto esas diferencias que nos hacen enriquecer un mundo lleno de hermosos matices.

Ya hemos visto un par de concepciones referentes al cuerpo, alma, y cuerpo en movimiento, con las cuales podemos crearnos nuestra propia concepción de éste como la sumatoria de todas nuestra células, sentimientos, deseos, recuerdos y enigmas, que al engranar en su conjunto crean la magia del ser humano, del movimiento y de la intencionalidad de este, con nosotros mismos y con los otros. La dualidad de cuerpo y alma como también cuerpo-máquina se vuelven insuficientes como definición pero al acoplarlas, logramos llegar a una concepción holística.

Más que entregarles una definición de cuerpo, los invitamos a cuestionarse en pos de una concepción que les satisfaga, ya que como individuos complejos, cada uno de nosotros puede aportar a una nueva definición más completa y acabada de esta maravilla que es el cuerpo humano.







Bibliografía:

  • Pérez, Victor & Sánchez, Roberto, (2001). Las concepciones del cuerpo y su influencia en el curriculum de la Educación Física. Universidad de Valencia, España, 2001.
  • López,D. (2002). La virtualización del cuerpo y la investigación genética. Atenea Digital, 1. Disponible en http://blues.uab.es/athenea/num1/Mlopez.pdf.
  • Pérez, Laura. El cuerpo (σῶμα) como tumba (σῆμα) del alma en Filón de Alejandría: Uso y resignificación de una metáfora. Circe clás. Mod. [online]. 2012, vol.16, n.2 [citado 2015-06-21], pp. 123-138. Disponible en: <http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17242012000200006&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1851-1724.
  • Fernández-Rufete J. Los dominios de la corporalidad (del dolor y el sufrimiento) en las sociedades contemporáneas. Una perspectiva desde la Antropología. Documento del doctorado: La construcción social del cuerpo. Políticas, imágenes e identidades corporales en las sociedades contemporáneas; Murcia; Universidad San Antonio, 2005; Inédito.
  • Carrasco Acosta, Mª del Carmen. El cuerpo y sus significados: sociedades tradicionales versus sociedades modernas. Index Enferm [online]. 2008, vol.17, n.1 [citado 2015-06-21], pp. 5-6. Disponible en: <http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962008000100001&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1132-1296.
  • Sossa Rojas, Alexis. Análisis desde Michel Foucault referentes al cuerpo, la belleza física y el consumo. Polis [online]. 2011, vol.10, n.28 [citado 2015-06-21], pp. 559-581. Disponible en: <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-65682011000100026&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0718-6568. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682011000100026. 

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