¿Qué es el cuerpo?
Estimadas y estimados lectores, junto con saludar les invitamos a reflexionar sobre un nuevo tema. Esta vez plantaremos una semilla sobre la concepción de nuestro cuerpo, que esperamos germine y crezca.
Desde los anales de la historia se le ha dado varios sentidos a nuestro cuerpo y en esta entrada daremos a conocer varias posturas desde Platón a visiones más contemporáneas de este pequeño gran tema que es nuestro cuerpo.
Esta
interrogante nace en la última sesión, cabe señalar que en dicha sesión se le
dio toda nuestra atención a nuestra corporalidad, a nuestros sentidos en el
colectivo, a nuestras emociones y a nuestros movimientos e interacciones de
nuestro propio ser y el del prójimo, una vez finalizada la sesión se nos hace
esta pregunta, que aunque pareciera muy fácil de responder, nos enfrenta con
una maraña de opiniones y concepciones. Entonces, ¿Qué es el cuerpo?
Según Platón
el cuerpo es un recinto semejante a una prisión en donde el alma se mantiene
resguardada a salvo, mientras purga sus deudas. Por su origen material el
cuerpo era considerado constitutivamente malo y adverso al origen sano y
espiritual del alma que procedía del mundo de las ideas (Platón V a. de C). Según Platón entendemos que
la valoración del cuerpo es mínima y es tan solo utilizado como un recipiente
para el alma, cual ánfora a las cenizas. Esta Visión Platónica ha evolucionado
con el tiempo y diversos autores siguen discutiendo al ver el cuerpo como
dualidad o un ser holístico, a continuación nace la propuesta del
cuerpo-maquina, una concepción dualista de nuestro ser.
Vicente
Pedraz (1989) afirma que la noción de dualismo proviene de la tendencia
filosófica que separa radicalmente lo natural de lo cultural, lo material de lo
inmaterial, lo bueno de lo malo. Es decir, se basa en contraposiciones
dicotómicas en las que todo elemento A tiene su contrapunto B. Aplicada al ser
humano, la concepción dualista entiende que estamos compuestos de una parte
material -corpórea, física- y otra inmaterial -espiritual, mental-. Esta
antítesis tiene dos consecuencias fundamentales: por una parte se marca un
límite que separa la realidad anatomo-fisiológica de la mental-espiritual. Por
otra, se otorga un papel de dependencia y subordinación de la primera frente a
la segunda. El conocido aforismo cartesiano “cogito ergo sum” sintetiza cómo
desde el dualismo la materialidad corporal se convierte en complemento de la
esencia racional que identifica al ser humano.
Desde el
dualismo, el cuerpo es básicamente materia; continente perecedero, corruptible
y, también, mejorable que acoge la esencia inmaterial del ser humano. De ahí
que su comprensión y su estudio se hayan buscado precisamente en la indagación
de la materialidad (anatómica, bioquímica, etc.) y la funcionalidad
(fisiológica, biomecánica, etc.) del ser humano.
Para
ilustrar las consecuencias que se derivan de esta noción dualista del cuerpo
nos serviremos del análisis de una metáfora a esa concepción y que ha sido, y
es, profusamente utilizada para explicar el cuerpo: la metáfora del “cuerpo
máquina”. Ya en el S.XVII Vesario en su “De Humani Fabrica” utilizaba la
mecánica como analogía para la descripción de los componentes
anátomo-fisiológicos y fisiológicos del cuerpo. Desde entonces, y de formas muy
diversas, la máquina ha servido como modelo para ejemplificar la morfología y
funcionamiento corporal (Laín Entralgo, 1970).
Distintos
autores (Barbero, 1996; Colquhoun, 1992; Devís, 2000; Freund y McGuire, 1991;
Tinning, 1990; Whitehead, 1992) coinciden en que la metáfora del cuerpo
máquina, al subrayar los aspectos funcionales del cuerpo humano, más que
ilustrar contribuye a dar sentido al concepto de corporeidad en una doble
dirección. En primer lugar, al destacarse únicamente sus componentes mecánicos,
indirectamente se marginan otros aspectos menos objetivables del movimiento. En
segundo lugar, la comparación entre el ser humano y la máquina contribuye a
configurar una visión racionalista y tecnocrática de la motricidad. Una
excesiva preocupación por el resultado de la tarea contribuye a dejar de lado
otros aspectos mucho menos cuantificables y más difíciles de controlar por un observador
externo. Y, si bien pueden ilustrar aspectos parciales y aislados del
comportamiento motriz, las teorías mecanicistas sobre el cuerpo no alcanzan a
explicar globalmente un fenómeno tan complejo como el del movimiento humano,
que incluye factores psicosociales, afectivos, culturales e incluso políticos y
económicos.
Por otro
lado, existen autores que consideran al cuerpo unido a la sociedad y al ser
abordado por una concepción mecanicista, esta virtud se ve anulada.
En la
sabiduría popular, el cuerpo no está separado del sujeto y no encuentra los
limites en la piel, en el concepto del cuerpo se integra todo lo relacionado
con la identidad social del mismo, como su familia, sus bienes, prácticas que
mantienen el vínculo sujeto-medio. El sujeto es despojado de este vínculo al
aproximarse al cuerpo desde una concepción mecanicista, el saber científico
hace del cuerpo una entidad plana donde la dimensión simbólica se aniquila. (Fernández, R., 2005)
Desde un
punto de vista más metafórico, Michel Foucault ha visto y estudiado al cuerpo
también interconectado con la dimensión social, que dicho sea de paso, nos
parece fundamental a la hora de buscar una significancia al concepto de cuerpo.
Foucault
estudió al cuerpo como un eje principal en sus reflexiones, para él, el cuerpo
es un texto donde se escribe la realidad social. Bajo esta inclinación, gran
parte de sus investigaciones pasaron por examinar las formas de gobierno
encaminadas a vigilar y orientar el comportamiento individual, a través de distintas
instituciones; la medicina, la escuela, la fábrica, el ejército, etc. Y cómo a
través de estas entidades se dota al individuo, de estrictas normas corporales;
de una manera de actuar y de obedecer, que de ser exitosa, es un garante del
orden social. (Sossa A., 2011)
No queremos
obviar en esta reflexión, el rol que cumplen los medios en el concepto del
cuerpo, ya que como lo hemos señalado, nos parece que la sociedad está
definitivamente conectada con nuestra percepción y definición del cuerpo, los
medios poseen un potencial muy elevado a la hora de influenciarnos.
El cuerpo se
ha convertido en una especie de pizarra en la que reflejamos un sentimiento de
identidad variable, una prótesis de uno mismo, se es lo que se muestra y se
aniquila todo lo interior. Cambiando el cuerpo, la persona quiere cambiar su
vida y su identidad. Los valores de la modernidad son los de un cuerpo joven,
sano, esbelto e higiénico; aspectos que trabajan los publicistas y crean una
imagen fantasma del cuerpo cotidiano, sólo visible en revistas y películas
donde se exponen cuerpos lisos y puros. Pero el ser humano, es una creación del
sentido que posee un cuerpo poroso, impregnado de la palabra colectiva con una
acción simbólica, y no una máquina biológica que aniquila el sentido de lo
humano. (Carrasco, A., 2008)
Por lo
tanto, si queremos obtener una visión holística, respetuosa, valorable y
compleja del cuerpo, es importante que consideremos cada área o ámbito que
incide en nuestra percepción de éste. La diversidad y el respeto deben ser valores intransables a la
hora de hablar del “cuerpo”, ya que si bien, encontramos similitudes entre una
y otra persona, debemos ser ineludiblemente respetuosos de las diferencias
entre uno y otro, aceptándonos y aceptando con cariño y afecto esas diferencias
que nos hacen enriquecer un mundo lleno de hermosos matices.
Ya hemos
visto un par de concepciones referentes al cuerpo, alma, y cuerpo en
movimiento, con las cuales podemos crearnos nuestra propia concepción de éste
como la sumatoria de todas nuestra células, sentimientos, deseos, recuerdos y
enigmas, que al engranar en su conjunto crean la magia del ser humano, del
movimiento y de la intencionalidad de este, con nosotros mismos y con los
otros. La dualidad de cuerpo y alma como también cuerpo-máquina se vuelven
insuficientes como definición pero al acoplarlas, logramos llegar a una
concepción holística.
Más que
entregarles una definición de cuerpo, los invitamos a cuestionarse en pos de
una concepción que les satisfaga, ya que como individuos complejos, cada uno de
nosotros puede aportar a una nueva definición más completa y acabada de esta
maravilla que es el cuerpo humano.
Bibliografía:
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