martes, 30 de junio de 2015

“La enfermedad hace agradable la salud...” (Eráclito de Efeso)

La Corporeidad


El cuerpo es una palabra, que podemos utilizar como un medio, como un nexo entre el pasado, el presente y el futuro, es el mundo en el que habitamos y desde donde percibimos la realidad externa, que al ser vista como una red o un conjunto de procesos, no es tan externa, es conexión entre lo que sentimos y lo que pensamos, es un medio para comunicarnos con el medio externo, es nuestra forma de expresión y por tanto es arte que transmite y genera emociones, desde otra mirada podemos comprender el cuerpo desde la epistemología de la motricidad humana y hablar de corporeidad que de manera simple corresponde al “somos nosotros como seres en el mundo”

Pero ¿Cómo entender la corporeidad de manera profunda? “En las sociedades tradicionales el ser humano está mezclado con el cosmos, con la naturaleza, con la comunidad y la imagen del cuerpo es una imagen de sí, alimentadas con las materias primas que componen la naturaleza y el cosmos, es una especie de indistinción.” (Le Breton, 2002)

¿Conexiones? ¿Complejidad del ser humano? ¿Somos o poseemos un cuerpo? Para Zubiri (1986) somos una complejidad, una serie de 7 notas que responden a la visión dualista de dividir el cuerpo en dos. Quizás suene paradójica la visión contestataria de decir que no estamos divididos en dos y que efectivamente somos una unidad indivisible compuesta por 7 cuerpos, más esos elementos solo se dividen para hacernos conscientes de nuestra multidimensionalidad interna porque se determinan para entender que efectivamente jamás estamos divididos, y es en la misma explicación que se ve la complejidad del ser humano, pues somos seres físicos, mágicos, culturales, emocionales, mentales, inconscientes y trascendentes.

¿Conciencia? Es aquí donde nos enfrentamos a situaciones donde tomamos conciencia de nuestro cuerpo, que somos cuerpo, cuando nos enfrentamos a diversas situaciones o factores externos, tales como situaciones que nos causan dolor o malestar: Lesiones, cambios físicos, discapacidad. También cuando existe una norma estética de determinadas características corporales a nivel social, nos hacen cuestionarnos y tomar consciencia de nuestro cuerpo. Todo esto, se ve acentuado a través de los medios de comunicación, una vez que ya estamos conscientes de nuestro cuerpo, nos preguntamos si realmente lo estamos respetando y satisfaciendo las necesidades que presenta.

Cada uno siente que respeta su cuerpo, pero desde una visión que a veces no responde a lo que por sentido común se entiende cuidar y respetar el cuerpo. Lo respetamos en la medida que nos sentimos felices y plenos con nuestras acciones, pero no lo cuidamos desde la perspectiva fisiológica al consumir o dejar de consumir ciertas sustancias, líquidos o alimentos, Intentamos satisfacer nuestras necesidades, organizando nuestro tiempo para poder hacer todas las actividades que involucran sentirnos bien: hacer deporte, compartir con otros, alimentarnos, descansar, entre muchas otras. Nos movemos por la necesidad de dar respuesta a todas nuestras necesidades y esto permite una relación de nuestro cuerpo y mente, pues el cuerpo no termina para que comience otra dimensión, sino que se conecta y difumina con ellas.

Aceptando la importancia del todo, no se debe ver como parte de una dualidad, no se debe separar lo que somos. El cuerpo nos completa, nos integra, no es "una" parte, sino que es parte de nosotros, es un medio de expresión y podrá cumplir esta misión en la medida que dejemos de restringirlo y lo aceptemos, integrando aquellas circunstancias, situaciones y desafíos, si cambiamos el contexto o el enfoque, seremos nosotros, quienes determinemos las circunstancias de la vida cotidiana. No se trata de ser utópico, sino optimista, pues no sólo la vida cotidiana nos determina, somos parte de esa vida y sería muy triste pensar que no podemos ser determinantes en ella.

¿Somos conscientes de las limitantes y posibilidades que nuestro propio cuerpo nos entrega? A partir de la cultura, los invitamos a cuestionar y responder esta pregunta, recordando la premisa de que no sólo poseemos, sino más bien, somos cuerpo.







Bibliografía
  • Dawkins, Richard. El gen egoísta; Juana Robles (Trad.); Versión española de la nueva edición inglesa de la obra The selfish gene, publicada por Oxford University Press; Edit. Salvat S. A. Barcelona, 1993. 288 p. ISBN: 84-345-8880-3
  • Maslow, A.H. (1943). A theory of human motivation. Pyschological Review, Vol. 50, pp. 370-396. Recuperado en 8 de julio de 2015, de http://psychclassics.yorku.ca/Maslow/motivation.htm
  • Capra, Fritjof. Sabiduría insólita. Conversaciones con personajes notables; Enric Tremps(Trad.) 2a Ed., Barcelona: Edit. Kairós, 1988. 394 p. ISBN: 84-7245-322-7
  • Ribeiro, Lair. La comunicación eficaz; Juan Bastanzo (Trad.) Ediciones Urano S.A. 1994. 155 p. ISBN: 84-7953-086-3
  • Johnson, Felipe. (2011). El cuerpo como posibilidad de la vida: el modo de despliegue del mundo concreto. Alpha (Osorno), (33), 115-130. Recuperado en 8 de julio de 2015, de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22012011000200009&lng=es&tlng=es.. 10.4067/S0718-22012011000200009.
  • Montenegro Medina, María Angélica, Ornstein Letelier, Claudia, & Tapia Ilabaca, Patricia Angélica. (2006). Cuerpo y corporalidad desde el vivenciar femenino. Acta bioethica, 12(2), 165-168. Recuperado en 8 de julio de 2015, de http://www.scielo.cl/scielo.phpscript=sci_arttext&pid=S1726569X2006000200004&lng=es&tlng=es.. 10.4067/S1726-569X2006000200004.
  • Bohórquez, F. , Trigo, E., (2006). Corporeidad energía y trascendencia, somos siete cuerpos (identidades o notas). Revista pensamiento educativo, 38 75 – 93.
  • Abarca, Mireia; Marzo, Lourdes & Sala, Josefina (2002). La educación emocional y la interacción profesor/a-alumno/a. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 5(3). Recuperado de http://www.aufop.org/publica/reifp/02v5n3.asp






domingo, 28 de junio de 2015

Educación para la salud en la escuela


En esta oportunidad queremos poner en la mesa un tema que atañe a la educación, esperando que se animen a dar su opinión y a compartir sus experiencias.

El tema dice relación con la forma en que la educación aporta a la salud de las personas o comunidades, queremos saber y debatir sobre la educación escolar como instancia formal, y de qué manera está abordando el tema salud, habiéndolo compartido y debatido en clases y en nuestros blogs anteriores, como un estado no tan solo caracterizado por la ausencia de enfermedad, si no como un estado de equilibrio dinámico de las múltiples dimensiones que componen, tanto interna como externamente al ser humano. “Un estado que no solo se refiere a la supervivencia de los individuos, si no al desarrollo de todas sus potencialidades, promoviendo el máximo de calidad de vida y no solo de cantidad de años por vivir”. (Bruzos, 1991).

Resulta muy sencillo fundamentar una educación de la salud en la escuela si reflexionamos un momento en cuanto al momento de nuestras vidas que dedicamos al aprendizaje formal, pues esos años son de vital importancia para crear hábitos de vida saludable, que nos acompañarán en adelante, pensando en cada actor inmerso en el sistema educativo.

“La mayoría de nuestros comportamientos los aprendemos en los primeros años de nuestra vida, años que pasamos en la escuela, que es el lugar que la sociedad destina para la transmisión de la cultura. Es obvio, por lo tanto, que el sistema educativo y la sociedad en su conjunto no desaprovechen esta oportunidad para contribuir a la formación de estilos de vida saludables en la población”. (Gavidia, V., 2003)

En la actualidad, la escuela ha seguido manteniendo lineamientos originales con respecto a que es lo que se debe aprender, pero al parecer se ha perdido el eje fundamental desde los que se fundó la escuela. El lazo que esta institución debe mantener con la actualidad y contingencia que rodean al ser humano parece en muchos casos, no estar relacionado con lo que se enseña en las escuelas, por lo que se genera una disociación entre lo que el estudiante aprende en su escuela y lo que el mundo real le entrega y exige.

“Se ha visto la urgencia en dar respuesta, también desde la enseñanza, a problemas y preocupaciones que forman parte de la realidad de la vida cotidiana3. Entre estos problemas se encuentran los relacionados con la salud y los estilos de vida: el consumo de drogas, la violencia, el sida, las enfermedades cardiovasculares, etc.” (Gavidia, V., 2003)

Sobre esto Delgado y Tercedor (2002), proponen en su libro, que una Escuela para la Salud (EPS), debe verse como un espacio saludable para vivir, para aprender y para trabajar, que así mismo se preocupa por hacer partícipe a toda su comunidad, en la creación, generación y mantención de hábitos saludables.

Además mencionan la importancia de que educar en la salud debe ser un contenido transversal, esto quiere decir que la salud debe tratarse en las diferentes asignaturas existentes en el currículum ya que poseen el componente de interés social, de educación obligatoria por ser temas de la actualidad humana que comprometen a toda la comunidad. Sobre esto expresan lo siguiente: “Así, por ejemplo, en el caso de la Educación para la Salud es imprescindible abordar el tratamiento desde el punto de vista físico, psíquico y social del individuo, desde el punto de vista medioambiental, desde el punto de vista del diseño de espacios y materiales, etc. Se tratará por tanto, de que cada una de las disciplinas o materias curriculares estén impregnadas de cada uno de los temas transversales. Sólo así será posible educar en la transversalidad”. (Delgado, M; Tercedor, P. 2002)

Aquí en Chile, el Ministerio de Educación (MINEDUC), ha trabajado en crear planes de desarrollos enfocados en enseñar a los niños y jóvenes un modelo de “Formación Integral”, este dice que: “Reconoce al sujeto como un ser biopsicosocial, intencionando la educación hacia el pleno desarrollo de la persona en los ámbitos moral, espiritual, social, intelectual, afectivo y físico, tal como lo enseña la Ley General de Educación, para que al final de su trayectoria escolar, las y los estudiantes logren competencias que los faculten para conducir su propia vida en forma autónoma, plena libre y responsable”. (MINEDUC, 2015)

Bajo este enfoque es que el ministerio crea el plan de “Promoción de la Salud en el marco de la Educación para el Desarrollo Sustentable”. Este proyecto al igual que lo referido en el libro de Delgado y Tercedor, hace énfasis en la importancia de incluir no solo a los estudiantes, sino además, a todos los actores que participan dentro del proceso educativo. Todo esto, se realiza con el fin de generar mayores compromisos en la comunidad con respecto a las problemáticas y situaciones que se presentan en la actualidad sobre los mismos. Sobre esto hace referencia uno de los puntos de este plan: “Cuando la comunidad educativa es participativa, promueve la cooperación de todos los integrantes a través de los diversos estamentos como: Consejo Escolar, Centro de Padres y Apoderados, Centro de Alumnos, Consejo de Curso y otras instancias que defina el EE”. (MINEDUC, 2013)

Como profesores de Educación Física se nos ha delegado de manera intrínseca la misión de velar por el conocimiento y por la generación de hábitos saludables. Si bien las políticas actuales hablan de un trabajo participativo, en la realidad, son pocas las instancias en que esto se ejerce con determinación y constancia. Hoy el tema de la Educación para la Salud, se ve limitada a una sola asignatura escolar y a diversos proyectos extra escolares y enmarcadas actividades puntuales de actividad física que no logran abarcar la temática profunda en la necesidad por cambiar la visión que se tiene sobre la salud de las comunidades.

Era la escuela quien se encargaría de cumplir con el papel de enseñar sobre la actualidad, de evolucionar junto con el hombre, de crecer a la par con el desarrollo socio-económico y enseñarle a los niños y jóvenes sobre la realidad que los rodea. Hoy decimos que la escuela ha quedado atrás, sus conocimientos ya no se enlazan con las inquietudes actuales del hombre, ya no enseñan cómo afrontarlas, ya no proponen un estado de equilibrio.

La Educación para la Salud, debe ser como mencionan distintos autores y el mismo Estado, un eje sobre el cual se trabaje tanto en la educación como en el resto de las obligaciones humanas, ya que es desde este modelo, donde podríamos lograr avances en cuanto a la mejora en la calidad de vida de todos los que formamos parte de esta gran comunidad.

Es así como Rozo de Arévalo (2001), plantea que “la educación en salud que propicie el desarrollo debiera ser una disciplina que ponga en orden a las diferentes aristas que tiene el hecho de que las acciones de hombre aumentan o disminuyen la salud individual y colectiva que llevan o no al desarrollo”.

Ahora, ya presentada esta nueva tarea para el sistema educacional, es necesario establecer cómo se puede responder a este requerimiento. Este mismo autor dice que “una educación en salud propicia el desarrollo humano, al brindarles educación para el manejo adecuado del medio ambiente” (Rozo de Arévalo, 2001), idea apoyada por otro autor como Bruzos, S.C. quien dice “proporcionar información y orientación en el proceso de la enseñanza de los escolares, para el conocimiento y utilización de los recursos disponibles en su entorno de forma favorable a su salud, que les permita gozar más y mejor una vida en el medio natural y social donde se desarrolla”. (Bruzos, S.C. 1991) 

En conclusión, de esta forma es como el individuo puede llegar a ser gestor de su propio plan de prevención al saber cómo protegerse de factores que van en desmedro de su salud integral. Ante este escenario es inevitable dar vuelta la mirada hacia la escuela como ente donde las personas reciben educación de manera sistemática y es preparada para la vida adulta. En donde por lógica debieran ser instruidos en conocimiento sobre autocuidado a través de una educación integral, tal como se ha establecido en algunos postulados de educación en donde se estable que la educación integral debe introducir la educación para la salud como cuestión prioritaria (Generalitat de Catalunya, 1984. Citado por Virós)

Virós plantea que dentro de la escuela, el tema de la salud puede ser abordado de dos formas; como materia especifica dentro del currículum, o bien interdisciplinariamente… formando parte de la dinámica de la escuela durante toda la jornada, favoreciendo los aprendizajes significativos haciéndolos más fácilmente transferibles a los demás ámbitos de la vida. (Virós, 1993).

“Las necesidades de la sociedad y del individuo hacen necesario el tratamiento de ciertos temas con una perspectiva diferente. Son cuestiones relacionadas con la vida diaria, con los derechos humanos, la paz, las relaciones sociales, la discriminación sexual, racial, etc., que a sus contenidos específicos llevan unidos una fuerte carga actitudinal y de valores que hacen difícil la adscripcióna una única área o disciplina. Este componente actitudinal y de valores debe desarrollarse en todas las disciplinas, y es el que «atraviesa» las líneas verticales de las áreas de conocimiento. Este sentido corresponde a la primera acepción del término transversalidad. Son temas transversales porque se encuentran en todas las áreas o disciplinas, filtrándose y calando cada una de ellas”. (Gavidia, V., 2001)

Los contenidos actitudinales y valóricos deben ser desarrollados transversalmente, porque su esencia los hacen unos magníficos conectores que dan sentido a los saberes mientras los integran y crean un aprendizaje lleno de significado práctico.

“Para educar en salud es necesario concientizar, interiorizar e incorporar a nuestro estilo de comportamiento psicosocial el hecho de que los seres humanos son amigos y que deben hacer amorosamente el bien, y sólo cuando sean capaces de verse como amigos y de ayudarse fraternalmente unos a otros, el corazón experimente alegría y paz en abundancia, entonces -y sólo entonces- se podrá no sólo educar en salud, sino también curar y rehabilitar de sus padecimientos físicos y mentales a la humanidad sufriente”. (Duenas, J., 1999)

Ciertamente es un tema que al ser abordado, se visualiza bastante lógico, pero ¿Qué tan factible es en la práctica?, ¿el sistema escolar imperante, favorece la educación para la salud tal como lo plantean los autores? Los invitamos a reflexionar al respecto, hagan sus aportes compartiendo, quizás alguna experiencia, positiva o negativa, que pueda enriquecer las prácticas en nuestros respectivos trabajos.

Bibliografía

  • Bruzos, S. C. (1991). Educación para la salud en la escuela. Ediciones Díaz de Santos.
  • Rozo de Arévalo, C. (2001). Educación en salud. Aquichan1(1), 46-47.
  • Virós, M. C. (1993). Educación para la salud en la escuela. Aspectos a evaluar desde la educación física. Apunts: Educación física y deportes, (31), 55-61.
  • Delgado, M: Tercedor, P. (2002). Estrategias de intervención en educación para la salud desde la Educación Física. Extraído desde: https://books.google.es/books?id=6WV3yw5Wr-oC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
  • Ministerio  de  Educación. (2013). Promoción   de   la   Salud   en   el   marco   de   la   Educación  para el Desarrollo Sustentable. Extraído desde: http://www.mineduc.cl/usuarios/convivencia_escolar/doc/201309121727230.PromociondelaSalud-EDSMineduc.pdf
  • Ministerio de Educación. Link: http://www.convivenciaescolar.cl/index.php?id_portal=50
  • Gavidia Catalán, Valentín. La educación para la salud en los manuales escolares españoles. Rev. Esp. Salud Publica [online]. 2003, vol.77, n.2 [citado  2015-06-28], pp. 275-285. Disponible en: <http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-57272003000200010&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1135-5727.
  • Duenas Becerra, Jesús. Educación para la salud: bases psicopedagógicas*. Educ Med Super [online]. 1999, vol.13, n.1 [citado  2015-06-28], pp. 92-98. Disponible en: <http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21411999000100012&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0864-2141.
  • Gavidia Catalán, Valentín. La transversalidad y la escuela promotora de salud. Rev. Esp. Salud Publica [online]. 2001, vol.75, n.6 [citado  2015-06-28], pp. 505-516. Disponible en: <http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-57272001000600003&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1135-5727.

domingo, 21 de junio de 2015

¿Qué es el cuerpo?


Estimadas y estimados lectores, junto con saludar  les invitamos a reflexionar sobre un nuevo tema. Esta vez plantaremos una semilla sobre la concepción de nuestro cuerpo, que esperamos germine y crezca.

Desde los anales de la historia se le ha dado varios sentidos a nuestro cuerpo y en esta entrada daremos a conocer varias posturas desde Platón a visiones más contemporáneas de este pequeño gran tema que es nuestro cuerpo.

Esta interrogante nace en la última sesión, cabe señalar que en dicha sesión se le dio toda nuestra atención a nuestra corporalidad, a nuestros sentidos en el colectivo, a nuestras emociones y a nuestros movimientos e interacciones de nuestro propio ser y el del prójimo, una vez finalizada la sesión se nos hace esta pregunta, que aunque pareciera muy fácil de responder, nos enfrenta con una maraña de opiniones y concepciones. Entonces, ¿Qué es el cuerpo?

Según Platón el cuerpo es un recinto semejante a una prisión en donde el alma se mantiene resguardada a salvo, mientras purga sus deudas. Por su origen material el cuerpo era considerado constitutivamente malo y adverso al origen sano y espiritual del alma que procedía del mundo de las ideas (Platón V a. de C). Según Platón entendemos que la valoración del cuerpo es mínima y es tan solo utilizado como un recipiente para el alma, cual ánfora a las cenizas. Esta Visión Platónica ha evolucionado con el tiempo y diversos autores siguen discutiendo al ver el cuerpo como dualidad o un ser holístico, a continuación nace la propuesta del cuerpo-maquina, una concepción dualista de nuestro ser.

Vicente Pedraz (1989) afirma que la noción de dualismo proviene de la tendencia filosófica que separa radicalmente lo natural de lo cultural, lo material de lo inmaterial, lo bueno de lo malo. Es decir, se basa en contraposiciones dicotómicas en las que todo elemento A tiene su contrapunto B. Aplicada al ser humano, la concepción dualista entiende que estamos compuestos de una parte material -corpórea, física- y otra inmaterial -espiritual, mental-. Esta antítesis tiene dos consecuencias fundamentales: por una parte se marca un límite que separa la realidad anatomo-fisiológica de la mental-espiritual. Por otra, se otorga un papel de dependencia y subordinación de la primera frente a la segunda. El conocido aforismo cartesiano “cogito ergo sum” sintetiza cómo desde el dualismo la materialidad corporal se convierte en complemento de la esencia racional que identifica al ser humano.

Desde el dualismo, el cuerpo es básicamente materia; continente perecedero, corruptible y, también, mejorable que acoge la esencia inmaterial del ser humano. De ahí que su comprensión y su estudio se hayan buscado precisamente en la indagación de la materialidad (anatómica, bioquímica, etc.) y la funcionalidad (fisiológica, biomecánica, etc.) del ser humano.

Para ilustrar las consecuencias que se derivan de esta noción dualista del cuerpo nos serviremos del análisis de una metáfora a esa concepción y que ha sido, y es, profusamente utilizada para explicar el cuerpo: la metáfora del “cuerpo máquina”. Ya en el S.XVII Vesario en su “De Humani Fabrica” utilizaba la mecánica como analogía para la descripción de los componentes anátomo-fisiológicos y fisiológicos del cuerpo. Desde entonces, y de formas muy diversas, la máquina ha servido como modelo para ejemplificar la morfología y funcionamiento corporal (Laín Entralgo, 1970).

Distintos autores (Barbero, 1996; Colquhoun, 1992; Devís, 2000; Freund y McGuire, 1991; Tinning, 1990; Whitehead, 1992) coinciden en que la metáfora del cuerpo máquina, al subrayar los aspectos funcionales del cuerpo humano, más que ilustrar contribuye a dar sentido al concepto de corporeidad en una doble dirección. En primer lugar, al destacarse únicamente sus componentes mecánicos, indirectamente se marginan otros aspectos menos objetivables del movimiento. En segundo lugar, la comparación entre el ser humano y la máquina contribuye a configurar una visión racionalista y tecnocrática de la motricidad. Una excesiva preocupación por el resultado de la tarea contribuye a dejar de lado otros aspectos mucho menos cuantificables y más difíciles de controlar por un observador externo. Y, si bien pueden ilustrar aspectos parciales y aislados del comportamiento motriz, las teorías mecanicistas sobre el cuerpo no alcanzan a explicar globalmente un fenómeno tan complejo como el del movimiento humano, que incluye factores psicosociales, afectivos, culturales e incluso políticos y económicos.

Por otro lado, existen autores que consideran al cuerpo unido a la sociedad y al ser abordado por una concepción mecanicista, esta virtud se ve anulada.

En la sabiduría popular, el cuerpo no está separado del sujeto y no encuentra los limites en la piel, en el concepto del cuerpo se integra todo lo relacionado con la identidad social del mismo, como su familia, sus bienes, prácticas que mantienen el vínculo sujeto-medio. El sujeto es despojado de este vínculo al aproximarse al cuerpo desde una concepción mecanicista, el saber científico hace del cuerpo una entidad plana donde la dimensión simbólica se aniquila. (Fernández, R., 2005)

Desde un punto de vista más metafórico, Michel Foucault ha visto y estudiado al cuerpo también interconectado con la dimensión social, que dicho sea de paso, nos parece fundamental a la hora de buscar una significancia al concepto de cuerpo.

Foucault estudió al cuerpo como un eje principal en sus reflexiones, para él, el cuerpo es un texto donde se escribe la realidad social. Bajo esta inclinación, gran parte de sus investigaciones pasaron por examinar las formas de gobierno encaminadas a vigilar y orientar el comportamiento individual, a través de distintas instituciones; la medicina, la escuela, la fábrica, el ejército, etc. Y cómo a través de estas entidades se dota al individuo, de estrictas normas corporales; de una manera de actuar y de obedecer, que de ser exitosa, es un garante del orden social. (Sossa A., 2011)

No queremos obviar en esta reflexión, el rol que cumplen los medios en el concepto del cuerpo, ya que como lo hemos señalado, nos parece que la sociedad está definitivamente conectada con nuestra percepción y definición del cuerpo, los medios poseen un potencial muy elevado a la hora de influenciarnos.

El cuerpo se ha convertido en una especie de pizarra en la que reflejamos un sentimiento de identidad variable, una prótesis de uno mismo, se es lo que se muestra y se aniquila todo lo interior. Cambiando el cuerpo, la persona quiere cambiar su vida y su identidad. Los valores de la modernidad son los de un cuerpo joven, sano, esbelto e higiénico; aspectos que trabajan los publicistas y crean una imagen fantasma del cuerpo cotidiano, sólo visible en revistas y películas donde se exponen cuerpos lisos y puros. Pero el ser humano, es una creación del sentido que posee un cuerpo poroso, impregnado de la palabra colectiva con una acción simbólica, y no una máquina biológica que aniquila el sentido de lo humano. (Carrasco, A., 2008)

Por lo tanto, si queremos obtener una visión holística, respetuosa, valorable y compleja del cuerpo, es importante que consideremos cada área o ámbito que incide en nuestra percepción de éste. La diversidad y el respeto deben ser valores intransables a la hora de hablar del “cuerpo”, ya que si bien, encontramos similitudes entre una y otra persona, debemos ser ineludiblemente respetuosos de las diferencias entre uno y otro, aceptándonos y aceptando con cariño y afecto esas diferencias que nos hacen enriquecer un mundo lleno de hermosos matices.

Ya hemos visto un par de concepciones referentes al cuerpo, alma, y cuerpo en movimiento, con las cuales podemos crearnos nuestra propia concepción de éste como la sumatoria de todas nuestra células, sentimientos, deseos, recuerdos y enigmas, que al engranar en su conjunto crean la magia del ser humano, del movimiento y de la intencionalidad de este, con nosotros mismos y con los otros. La dualidad de cuerpo y alma como también cuerpo-máquina se vuelven insuficientes como definición pero al acoplarlas, logramos llegar a una concepción holística.

Más que entregarles una definición de cuerpo, los invitamos a cuestionarse en pos de una concepción que les satisfaga, ya que como individuos complejos, cada uno de nosotros puede aportar a una nueva definición más completa y acabada de esta maravilla que es el cuerpo humano.







Bibliografía:

  • Pérez, Victor & Sánchez, Roberto, (2001). Las concepciones del cuerpo y su influencia en el curriculum de la Educación Física. Universidad de Valencia, España, 2001.
  • López,D. (2002). La virtualización del cuerpo y la investigación genética. Atenea Digital, 1. Disponible en http://blues.uab.es/athenea/num1/Mlopez.pdf.
  • Pérez, Laura. El cuerpo (σῶμα) como tumba (σῆμα) del alma en Filón de Alejandría: Uso y resignificación de una metáfora. Circe clás. Mod. [online]. 2012, vol.16, n.2 [citado 2015-06-21], pp. 123-138. Disponible en: <http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17242012000200006&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1851-1724.
  • Fernández-Rufete J. Los dominios de la corporalidad (del dolor y el sufrimiento) en las sociedades contemporáneas. Una perspectiva desde la Antropología. Documento del doctorado: La construcción social del cuerpo. Políticas, imágenes e identidades corporales en las sociedades contemporáneas; Murcia; Universidad San Antonio, 2005; Inédito.
  • Carrasco Acosta, Mª del Carmen. El cuerpo y sus significados: sociedades tradicionales versus sociedades modernas. Index Enferm [online]. 2008, vol.17, n.1 [citado 2015-06-21], pp. 5-6. Disponible en: <http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962008000100001&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1132-1296.
  • Sossa Rojas, Alexis. Análisis desde Michel Foucault referentes al cuerpo, la belleza física y el consumo. Polis [online]. 2011, vol.10, n.28 [citado 2015-06-21], pp. 559-581. Disponible en: <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-65682011000100026&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0718-6568. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682011000100026. 

domingo, 14 de junio de 2015

Vivenciando un estado de bienestar


Queremos partir esta semana, con una pequeña reflexión: ¿Cómo es posible que durante nuestras clases se viva de manera pragmática el concepto de salud, estado de bienestar o estilos de vida saludables? Ante esta interrogante surgen otras dudas: ¿Estos tres conceptos se refieren a lo mismo? Al parecer para el común de la gente son sinónimos, pero durante estas semanas intentaremos diferenciarlos.

Durante la primera clase de Fundamentos Antropológicos y Filosóficos de la Motricidad Humana, veníamos con muchas expectativas e incertidumbres. Comenzamos una clase que se transformaba poco a poco en un diálogo, el principio de que el estudiante es el protagonista de su aprendizaje, lo estábamos vivenciando y si ponemos un poco más de atención, la distribución de cómo estábamos ubicados nos permitía mirarnos a la cara, interpretarnos de mejor manera y como alguna vez me dijo una profesora: “más que vivir… debemos habitar los espacios que se brindan para aprender”. Todo esto nos hizo reflexionar acerca de la didáctica, de cómo con formas tan simples podemos vivenciar la temática propuesta: ¿Qué es Salud?

Para entender el concepto de vida saludable, es necesario definir qué se concibe por Salud, la cual se define como “el completo estado de bienestar físico, psíquico y social” establecida por la Organización Mundial para la Salud (OMS, 1960), ya no sólo entendiéndola como lo ausencia de enfermedad, sino que se ha producido una reconstrucción de dicha definición, con relación a considerar el medio social donde se desenvuelve el sujeto, como parte importante en el mantenimiento del estado de salud. 

Como menciona González (González et. al, 2007),  “La sociedad actual demanda la necesidad de incorporar a la cultura y a la educación, aquellos conocimientos, destrezas y capacidades, que se relacionan con el cuerpo y la actividad motriz, contribuyendo de forma armónica al desarrollo personal y a una mejora de la calidad de vida”. Este autor también menciona, la importancia de que todas las alumnas y alumnos  adquieran hábitos saludables, con la finalidad de que posibiliten sentirse satisfechos con su propia identidad corporal, la cual será vehículo de expresión y comunicación consigo mismo y con los demás. Esto último permitirá el disfrute del ocio y del tiempo libre, lo que les permitirá una mejora en su calidad de vida.

Teniendo en cuenta la complejidad del ser humano con sus dimensiones antagónicas, pero a la vez complementarias, todo intento por definir la salud, deberá abordarla como un complejo entramado que presenta conexiones interdependientes.

Como apunta Briceño-León (2000), "la salud es una síntesis; es la síntesis de una multiplicidad de procesos, de lo que acontece con la biología del cuerpo, con el ambiente que nos rodea, con las relaciones sociales, con la política y la economía internacional" (p. 15).

Mientras en esta definición se le llama “síntesis”, la filosofía oriental se acerca más a un “equilibrio dinámico” (Capra, 1988), que integra incluso el concepto de enfermedad como parte de un estado variable que tal como nosotros mismos y nuestro entorno, se mueve, adapta y reacciona, siendo influenciado por cada estímulo. Para mantener este equilibrio, hay quienes afirman que el hombre se encuentra en una constante lucha:

Detrás de toda condición de salud o enfermedad está el riesgo de su alteración más o menos constante. Estas condiciones "son procesos continuos; una lucha por parte del hombre para mantener su equilibrio contra las fuerzas biológicas, físicas, mentales y sociales que tienden a alterar ese equilibrio de salud" (Freitez, 2001, p. 2).

Cuando en esta “lucha”, nos sentimos abatidos o experimentamos un “desequilibrio” es necesario abordar la salud con la complejidad inherente al ser humano, destinando el tratamiento no tan sólo a un ámbito, mientras se descuidan los otros.

El diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad, a nivel biomédico exclusivamente, el uso de complicados procedimientos tecnológicos, que sin duda han representado un salto cualitativo a nivel de la supervivencia en enfermedades antes rápidamente mortales, han dejado de lado, en muchas ocasiones, la aproximación más holística al cuidado de la salud, donde no sólo se busque combatir la enfermedad sino promover el bienestar (Schwartzmann, 2003)

Se ha dejado de lado el bienestar por enfocarse en una lucha o combate que termina por alejar la solución, nos cegamos tocando una parte del elefante (en el cuento de los 6 sabios ciegos, cada uno tocaba una parte del animal, mientras uno tocaba la pata decía “el elefante es como un pilar”, otro tocaba la cola y decía “el elefante es como una cuerda”, de este modo cada uno tenía una percepción limitada de la realidad), sin tener una comprensión o consciencia de nuestra escasa comprensión de la realidad.

La salud es un hecho social tanto material como inmaterial. Por lo tanto, se trata de un fenómeno multidimensional y multicausal que trasciende y desborda la competencia estrictamente médica, relacionándose además de la biología y la psicología, con la economía y la política, en tanto que es un asunto individual y colectivo al unísono. (Alcantara, G., 2008)

Es fundamental entonces, humanizar la medicina para acercar a las personas e influir de manera positiva en los procesos y/o equilibrio del complejo sistema o síntesis de multiplicidad de procesos que formamos parte. Pero ante esta búsqueda por humanizar la medicina, se vuelve fundamental plantear y discutir determinados cuestionamientos.

Es así, que diversos autores no sólo plantean que la salud se relaciona con la ausencia de enfermedad, sino que es un concepto multidimensional. De esta forma, Perea (Perea, 1992), destaca la salud como el “conjunto de condiciones y calidad de vida que permita a la persona desarrollar y ejercer todas sus facultades en armonía y relación con su propio entorno”. Corbella (Corbella, 1993) definió la salud como “una manera de vivir cada vez más autónoma, más solidaria y más gozosa” y Rodríguez (Rodríguez, 2010), la define como “El proceso por el que el hombre desarrolla al máximo sus capacidades, tendiendo a la plenitud de su autorrealización personal y social”. Si analizamos estas concepciones de la salud encontraremos que se muestra notablemente vinculado al concepto de calidad de vida sana (Sánchez Bañuelos, 1996).

Según la Organización Panamericana de la Salud - OPS, estilo de vida es la manera general de vivir, basada en la interacción entre las condiciones de vida en su sentido más amplio y las pautas individuales de conducta, determinadas por los factores socioculturales y características personales. El entorno Saludable, comprende los lugares donde viven las personas, su hogar, su comunidad, su lugar de trabajo y esparcimiento, incluyendo el acceso a los recursos sanitarios y las oportunidades para su empoderamiento (Nutbeam, 1996).

Sánchez Bañuelos (1996) menciona que los estilos de vida se definen como el conjunto de pautas y hábitos comportamentales cotidianos de una persona y también concuerda con otros autores que aportan una definición sustancialmente parecida al afirmar que el estilo de vida puede definirse como el conjunto de patrones de conducta que caracteriza la manera general de vivir de un individuo o grupo. Es así, que el Glosario de promoción de la salud (Junta de Andalucía, 1986) menciona que "El estilo de vida de una persona está compuesto por sus reacciones habituales y por las pautas de conducta que ha desarrollado durante sus procesos de socialización. Estas pautas se aprenden en la relación con los padres, compañeros, amigos y hermanos, o por la influencia de la escuela, medios de comunicación, etc. Dichas pautas de comportamiento son interpretadas y puestas a prueba continuamente en las diversas situaciones sociales y por tanto, no son fijas, sino que están sujetas a modificaciones".


Por otro lado, cada vez toma más fuerza e importancia el concepto "Calidad de vida" que le da mucho sentido a la longevidad, porque más importante que llegar al destino, es disfrutar el camino. 
Una crítica a la biomédica actual y la forma en que se busca prolongar la vida bajo "cualquier costo" es lo que se expone y critica muy concienzudamente en el siguiente extracto: 

La aplicación, a veces indiscriminada de nuevas tecnologías, con capacidad de prolongar la vida a cualquier precio, la complicada decisión de cantidad versus calidad de la vida, y el terrible dilema ético de la distribución de los recursos económicos en salud, ponen sobre el tapete la necesidad de conocer las opiniones de los pacientes. (¿Se siguen haciendo tratamientos pretendidamente curativos a un paciente con cáncer, fuera de estas posibilidades y aunque los efectos secundarios superen ampliamente los beneficios y deterioren la calidad de vida del paciente? ¿A quién compete esa decisión?). El modelo biomédico tradicional excluye el hecho de que, en la mayoría de las enfermedades, el estado de salud está profundamente influido por el estado de ánimo, los mecanismos de afrontamiento a las diversas situaciones y el soporte social. Es evidente que estos aspectos de máxima importancia en la vida de los seres humanos serán los que más influyan a la hora de que los pacientes evalúen su calidad de vida. (Schwartzmann, 2003)

Debemos comenzar a tomar más en cuenta entonces, la opinión de los pacientes en cuanto a su calidad de vida, pues en la medicina no hay protagonista, sino pares que en conjunto pueden construir una realidad mucho más completa que de forma individual y con esto tendrán una visión mucho más amplia de la realidad y por consiguiente más y mejores soluciones que por cierto traerán consigo un proceso más humano y agradable, tanto para los médicos, como para quienes padecen una enfermedad y para sus familias.

Pacientes asmáticos estudiados en distintas etapas de su enfermedad referían, independientemente del estadio de su enfermedad, que hechos como pasarlo bien en la vida, experimentar el dar y recibir amor, tener una actitud positiva ante los sucesos de la vida cotidiana eran los factores que proporcionaban a la vida su más alto grado de calidad. Podría acordarse, por tanto, que es también tarea de la medicina optimizar las situaciones en las que es posible conseguir una calidad de vida razonable, incluyendo la promoción de bienestar a través de intervenciones psicosociales, cuando sea necesario, dentro de los tratamientos habituales. (Schwartzmann, 2003)

La Calidad de vida es fundamental en el tratamiento de cualquier enfermedad y en cómo se aborda cualquier problema, pues debemos abordarla como un todo y cualquiera de las dimensiones en la que influyamos de manera positiva, tendrá un efecto beneficioso para la persona y su entorno (en toda la plenitud de la palabra).

Es claro que calidad de vida es una noción eminentemente humana que se relaciona con el grado de satisfacción que tiene la persona con su situación física, su estado emocional, su vida familiar, amorosa, social así como el sentido que le atribuye a su vida, entre otras cosas. (Schwartzmann, 2003)

En cuanto a los hábitos de salud y los hábitos de vida, hemos concluido que están íntimamente unidos, de manera que sería más apropiado hablar de hábitos saludables de vida. Coreil en el año 1992 (Coreil, Levin & Jaco, 1992) asocia los conceptos de hábitos saludables de vida, con el concepto de calidad de vida y considera que se debe dar un paso más allá del modelo salud-enfermedad y utilizar indicadores de un concepto de salud integral bio-psico-social.

De esta manera, al leer el artículo “Buen Vivir: ¿Una auténtica alternativa post-capitalista?”,  Cuadra (2105), nos plantea que “el Buen Vivir nos advierte sobre la inviabilidad de continuar manteniendo el actual esquema de producción y consumo…” y junto con eso nos hace un llamado a “lograr un equilibrio entre las necesidades fundamentales de la humanidad y los recursos disponibles para satisfacerlas”.

Entonces: ¿Qué entendemos por salud en nuestra realidad actual? La salud al parecer es entendida por el mundo entero e incluso por distintas culturas como el equilibrio entre las distintos componentes internos del hombre y así mismo la mantención de este equilibrio y armonía con la naturaleza y la sociedad que lo rodea. Esta concepción si bien ha sido desarrollada con distintos términos por los autores que hablan de salud, aún mantiene la génesis de donde se desprenden las diversas ideas sobre este concepto. Guerrero y León (2008), publican un artículo que reúne algunas definiciones de salud manifestadas en distintas culturas, filósofos, médicos y otros. Ellos pretenden mostrar que el concepto de salud no es algo que cambie dependiendo del lugar del mundo en el que estemos pero si lo ha hecho a través del tiempo.

Creemos que el problema con la actualidad y con la sociedad ha sido la pérdida de la importancia que tiene mantener el estado de bienestar. Sentimos que hemos olvidado que la evolución debe llevarse en armonía con las necesidades tanto materiales, como emocionales/espirituales del hombre. Leyendo este articulo nos hace sentido el modo de vida que tienen las personas en oriente, donde podemos ver que el deseo por mantener la salud, es algo que se mantiene a pesar de la evolución material, no así en algunos países de occidente, entre ellos Chile, donde al parecer estamos priorizando el crecimiento económico, desligándonos de mantener el crecimiento personal y por consiguiente, olvidándonos de mantener nuestro estado de salud.

Estos autores también exponen ideas donde se desarrolla la salud social y como el Estado debe cumplir con mantener este importante objetivo nacional. La salud social hace completa referencia a las gestiones que realiza cada país por darles a sus ciudadanos las condiciones óptimas para que estos puedan mantener de forma individual su salud. Hoy en día y cada vez más, los Estados están más ocupados en curar que en generar buenas condiciones para el bienestar individual y colectivo.

Creemos que debemos volver atrás y así como hicieron estos dos autores, aprender que la salud es un equilibrio entre todos los componentes que se alinean con la humanidad. Debemos seguir aprendiendo y generando ideas que puedan aportar en la búsqueda para lograr el necesario equilibrio universal y por consiguiente, nuestra salud.

Para cerrar, nos gustaría dejarlos con una hermosa frase para reflexionar:

El oficio de la medicina no es sino tocar la curiosa arpa que es el cuerpo humano y restituirle su armonía”. (Francis Bacon)







Bibliografía:
  • Castro, P., López, A., Solís, P. &  Valdebenito, B. (2013). Diseño y validación de un instrumento de evaluación de estilos de vida saludable en escolares entre 14 y 18 años de edad. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Facultad de Filosofía y Educación. Escuela de Educación Física; Viña del Mar; Chile.
  • Capra, Fritjof. Sabiduría insólita. Conversaciones con personajes notables; Enric Tremps(Trad.) 2a Ed., Barcelona: Edit. Kairós, 1988. 394 p. ISBN: 84-7245-322-7
  • Cuadra, F. D. L. (2015). Buen Vivir: ¿Una auténtica alternativa post-capitalista? Polis. Revista Latinoamericana, (40).
  • Guerrero, L; León, A. (2008). Aproximación al concepto de salud. Revisión histórica. Revista FERMENTUM. Venezuela.
  • Schwartzmann, Laura. Calidad de vida relacionada con la salud: Aspectos conceptuales. Cienc. Enferm. [revista en la Internet]. 2003 Dic [citado 2015 Jun 14]; 9(2): 09-21. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-95532003000200002&lng=es. http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95532003000200002.
  • Alcantara M., Gustavo. La definición de salud de la Organización Mundial de la Salud y la interdisciplinariedad. SAPIENS [online]. 2008, vol.9, n.1 [citado 2015-06-14], pp. 093-107 Disponible en: <http://www2.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1317-58152008000100005&lng=pt&nrm=iso>. ISSN 1317-5815.


domingo, 7 de junio de 2015

Comentarios sobre la Complejidad del Hombre


¿El reflejo del hombre que somos es producto de nuestra sociedad actual o más bien dicho la sociedad de hoy es el espejo del hombre complejo que somos? Ambas preguntas contribuyen a visualizar cómo se relaciona nuestro ser con el contexto en el que nos encontramos, ya que tal como menciona Luis Torres (2007), la complejidad del ser humano radica en variables internas, como su mente o conciencia y otras externas, que se relacionan con el medio ambiente. No cabe duda, que el entramado de interconexiones es realmente complejo, tal como lo plantea el paradigma simplificador de la realidad, donde el sentido de complejidad aporta una comprensión del ser humano como un ser paradójico que es, a la vez, ordenado y caótico, regular e irregular, contradictorio y borroso, en su personalidad y comportamiento. (Matamala, 2004)

Bajo este enfoque, la complejidad humana radica en su diversidad, la cual necesariamente requiere de sistemas integradores a la hora de estudiarla e incluso tratarla. La complejidad plantea que no podremos dar una explicación exhaustiva de los fenómenos humanos sino integramos en red los diferentes niveles o ámbitos suyos como lo biológico, lo psicológico, lo sociológico, lo ético, lo económico, lo  histórico, etc. En el despliegue de nuestra cotidianidad vemos que todos estos registros se están influenciando mutua e incesantemente a cada instante. Sabemos que las enfermedades afectan lo social, que los fenómenos sociales afectan el curso de la economía, que la economía afecta la ecología, que la evolución de los fenómenos ecológicos afectan la biología, que la evolución de la biología incide en la salud,  y así sucesivamente (Palacio C. & Ochoa F., 2009)

¿Cuál es la realidad que estamos viviendo? Maturana (1996), plantea que todo lo que hacemos como seres humanos modernos, a título individual, como entidades sociales, implica una respuesta explícita o implícita a esta pregunta como base para los argumentos racionales que empleamos para justificar nuestras acciones. El contexto determina nuestro actuar diario, no nos obliga pero si nos determina y nos puede llevar a tener hábitos que no queremos pero que debemos seguir socialmente, tal como comentábamos en clases.

La complejidad de lo humano se manifiesta cuando atendemos al hecho de que lo humano es tan sólo una instancia, un momento o un nodo –tres maneras diferentes para expresar una misma idea–, de un conjunto esencialmente abierto e indeterminado. La manera más sencilla de designar a este conjunto es: medioambiente. Pero entonces es necesario reconocer que el medioambiente tiene una connotación espacial y temporal al mismo tiempo. (Maldonado C.,2009)

Continuando con la idea del párrafo anterior es que podemos visualizar la complejidad del hombre desde el momento en que entendemos que este es parte indivisible de un medio (“medio ambiente”), a tal punto que el hombre toma la calidad como tal solo cuando está en relación dinámica con su entorno (ecológica, social, cultural, histórica), Según Le Breton “El hombre es solo un reflejo. Obtiene su espesor, su consistencia de la suma de vínculos con sus compañeros” (Le Breton  D, 1990) sentencia que hace alusión a como la esfera  social da significado al hombre pero perfectamente es aplicable a otras esferas como puede ser la cultural o como bien decíamos recién, a la dimensión medio ambiental con todo el amplio espectro a la cual la palabra se refiere. Podríamos decir entonces que somos quienes somos por acción y consecuencia de qué y quienes nos rodean?

¿Qué es la Complejidad entonces? Concordamos con Morin (1994), quién indica que es el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico. Pues el ser humano es mucho más que la suma de las partes, el ser humano trasciende de la individualidad y forma parte de un enorme sistema, ante el cual no somos grandes o pequeños, sino una parte y al mismo tiempo un todo. La vida tiene que haberse vivido como parte de una red de procesos cuya armonía no dependía exclusiva o primariamente de ningún proceso particular, el pensamiento humano tiene que haber sido entonces naturalmente sistémico, manejando un mundo en el que nada era en sí o por si mismo, y en el que todo era lo que era en sus conexiones con todo lo demás. (Maturana H., 1993)








Bibliografía:

  • Le Breton, D (1990). Antropología del Cuerpo y la Modernidad 1ª edición – 2ª reimp. – Buenos Aires: Nueva Visión, 2002
  • Maldonado, C.. (2009). Complejidad de los Sistemas Sociales: Un reto para las ciencias sociales. Cinta de moebio, (36), 146-157. Recuperado en 04 de junio de 2015, de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-554X2009000300001&lng=es&tlng=es. 10.4067/S0717-554X2009000300001.
  • Matamala, F. M. (2004). El retorno de la complejidad y la nueva imagen del ser humano: hacia una psicología compleja. Revista interamericana de psicología= Interamerican journal of psychology, 38(1), 23-31.
  • Maturana, H. R., & Romesín, H. M. (1996). La realidad: objetiva o construida? 2, Fundamentos biológicos del conocimiento (Vol. 2). Anthropos Editorial.
  • Maturana H, Verden Zoller G. Amor y juego, fundamentos olvidados de lo humano. Santiago de Chile: Ed. Instituto de Terapia Cognitiva; 1993.
  • Morin, E., & Pakman, M. (1994). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.
  • Palacio, C., Ochoa F. Complejidad: una introducción. Ciênc. saúde coletiva  [Internet]. 2011  [cited  2015  June  04] ;  16( Suppl 1 ): 831-836. Available from: http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1413-81232011000700014&lng=en.  http://dx.doi.org/10.1590/S1413-81232011000700014.











jueves, 4 de junio de 2015

La Complejidad del Hombre


El ser humano es un ser multidimensional, esto quiere decir, que se encuentra constantemente moviéndose de un estado a otro dentro de su psicología, de su biología, de sus emociones y de su racionalidad, creando y obteniendo experiencias y conocimientos para desenvolverse dentro del mundo.

El hecho de que el hombre habite en estas diferentes dimensiones y que se encuentre diariamente viviendo en todas a la vez, nos enseña que tratar de comprender las acciones humanas y definirlas bajo una sola visión es algo que termina provocando un desajuste en la esencia de esa complejidad. Luis Torres (2007), expresa lo siguiente:
   
“La complejidad del ser humano está determinada no solo en la familia, en las organizaciones o en la sociedad a la cual pertenece, sino por la complejidad de su mente, de su conciencia, de los ecosistemas cuya interacción constituye el medio social del individuo”

Últimamente el mundo nos bombardea de información, de alternativas, de soluciones y de definiciones de la felicidad. Lo que está ocurriendo es que le están enseñando al ser humano que se debe elegir por un solo estado y mantenerlo constante. 

Definirse por algo específico y seguir fielmente lo que esta tendencia representa, termina generando estados de incomodidad que posteriormente se traducen en las distintas enfermedades que no son más que la somatización de nuestros malestares emocionales. Esta misma saturación de información, nos entrega constantemente orientaciones de lo que es correcto e indicado para mantenernos bien, dándole en la actualidad un valor cuantificable a todo lo que nos signifique un “momento de plenitud”.

El ser humano actualmente vive presionado por el mismo ritmo evolutivo que construyó para su servicio y comodidad, quitándose aquellos momentos necesarios dentro de todo ser humano para conectarse con su esencia y con el mundo que lo rodea. El ritmo acelerado de la producción, nos está transformando en seres espirituales que carecen de las instancias, del tiempo, de las ganas y de los lazos necesarios para convivir con esta “humanidad”.
Sobre este incremento en el ritmo de vida, la Educación Física ha tomado un gran protagonismo. Las distintas ramas en las que se desarrolla se han tornado como una vía de escape para volver a sentirnos humanos, para sentir que hacemos algo por aquel ser absorbido por la rutina que nos ofrece diariamente la vida.

Es importante entender que el hombre desde sus inicios ha sido un ser activo, que necesita del movimiento para sobrevivir y dentro de nuestra complejidad, podemos ser capaces de crear las más variadas instancias para que nuestro ser pueda expresarse, liberarse y conectarse con el resto.  A pesar de esto no estamos cumpliendo con lo más básico que es vivir en el ansiado estado de plenitud, aún estamos teniendo problemas para desarrollarnos como esperamos, de sentirnos completos y eso ocurre al esperar que una sola visión nos entregue la respuesta a nuestra constante búsqueda de felicidad.




Bibliografía:

  • Palacio, C., Ochoa F. (2011). Complejidad: una introducción. Ciênc. saúde coletiva  16 ( Suppl 1) 831-836. Recuperado de http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1413-81232011000700014&lng=en.
  • Maldonado, C. (2009). Complejidad de los Sistemas Sociales: Un reto para las ciencias sociales. Cinta de moebio, (36) 146-157. Recuperado de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717
  • Matamala, F. M. (2004). El retorno de la complejidad y la nueva imagen del ser humano: hacia una psicología compleja. Revista interamericana de psicología= Interamerican journal of psychology, 38(1) 23-31.
  • Maturana, H. R., & Romesín, H. M. (1996). La realidad: objetiva o construida? 2, Fundamentos biológicos del conocimiento (Vol. 2). Anthropos Editorial.
  • Morin, E., & Pakman, M. (1994). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.
  • Maturana H, Verden Zoller G. (1993). Amor y juego, fundamentos olvidados de lo humano. Ed. Instituto de Terapia Cognitiva. Santiago. Chile.