domingo, 9 de agosto de 2015

¿Juego o experiencia de flujo como fuente de salud?
La felicidad y su efecto orgánico positivo



En oportunidades anteriores dilucidamos que el juego puede ser considerado como una actividad fuente de salud. En su vivencia se generan influencias positivas desde lo emocional y que aquello traspasaba la línea hasta impactar en el organismo, en su cuerpo denso, en su fisiología parafraseando a Chopra (1997). Hoy queremos plantear una nueva perspectiva y es que el jugar corresponde también a una experiencia óptima de flujo.

La experiencia óptima de flujo es la oportunidad de vivir una circunstancia más allá de lo ordinario y el juego corresponde a ello, pero para entender mejor cual es la relación entre flujo y jugar es que debemos apreciar, que es flujo: Este se entiende como el estado en el cual las personas se hallan tan involucradas en una actividad que nada más parece importarles; la experiencia, por si misma, es tan placentera que las personas la realizan incluso aunque tenga un gran coste, por el puro motivo de hacerla (Csikszentmihalyi, 2000).

De acuerdo a la definición anterior, una experiencia óptima de flujo califica perfectamente como una forma de trance, de acuerdo con lo que dice Antwander (2009).
Es el conjunto de manifestaciones psico-fisiológicas que ocurren en una persona cuando su mente se encuentra totalmente absorta o focalizada en una determinada experiencia. Si estamos concentrados o focalizados en algo, y hacemos gestos de manera automática, nuestra mente inconsciente empieza a tener devaneos, empieza a divagar
El ser humano, necesita de actividades que lo saquen fuera de la realidad “seria”, de la dimensión en que debe ser productivo para generar aportes a la sociedad que evoluciona y que necesita crecimiento económico. Bajo esta necesidad es que generamos un sinfín de actividades llenas de creatividad, de metáfora, de dispersión y libertad que podemos llamar de distintas maneras.

Es bajo esta visión que podemos entender la “diversión” como todo aquello que nos lleva a esa dimensión subjetiva, incierta e inacabada que siempre estaremos intentando resolver para volver a crear incertidumbre y así mantener alimentada nuestra inherente necesidad por divertirnos.

Antonio Gutiérrez (2000) en su artículo “Metáfora e Ironía. Claves de la razón vital”, cita en muchas oportunidades al filósofo José Ortega y Gasset quien postula sobre la necesidad del hombre de descansar del mundo real, de crear instancias donde este se pueda abstraer y divertir. Según Ortega el juego es la mejor creación del ser humano para escapar de los pesares de la vida real.

Con el paso del tiempo hemos sabido aprovechar no solo la naturaleza como proveedor de diversión, también sabemos cómo darle el sentido lúdico a todo lo que creamos, nuestros mundos han evolucionado a la par y hoy poseemos infinitas posibilidades de lograr nuestros estados de flujo. Lo que quizás en un comienzo eran actividades concretas, que podían ocurrir de manera concertada o en lugares específicos, hoy en día lo hemos modificado, incrementando dichas actividades para hacer nuestra realidad tangible, soportable y divertida.

Lo importante de todo esto, es lograr alcanzar dichos mundos. Debemos escapar de cuando a en cuando para disfrutar de nuestras metáforas, de aquello que nos separa de la “seriedad” e incita a nuestra alma a jugar, a soñar, a reír y a liberarse.

Para divertirnos, para huir de esta vida, es necesario que otro mundo absorba nuestra atención, otro mundo que no sea realidad, pues si lo fuese, de nuevo encontraríamos la misma seriedad y pesadumbre que en el mundo que pretendíamos evitar y no merecería la pena el viaje.” (Gutiérrez, A. 2000).

No cabe duda que desde esta definición se vislumbran elementos esenciales del JUEGO, tales como el placer, la inmersión total, la falta de propositividad, la pérdida de noción del tiempo y otros elementos que tienen lugar por el efecto de dichas variables, pero al ver el juego como una experiencia de flujo nace la posibilidad de ver un poco más allá en el sentido de entender que no solo jugar es fuente de salud fisiológica.

Por este motivo es importante mencionar que el autor en cuestión afirma que no solo el juego produce flujo (Csikszentmihalyi, 2000) sino que también existen otras actividades que producen flujo como el sexo, la música, los deportes, la danza, entre otras, en este sentido cualquier actividad que ofrezca la posibilidad de salir de la experiencia ordinaria puede ser un agente gatillante de experiencia óptima.
Con estos antecedentes comparativos nos preguntamos entonces ¿Cómo estar en flujo? Sin lugar a dudas un planteamiento que destaca en la teoría de Csikszentmihalyi, confluye en la temática de lo adecuado del desafío para con las habilidades del ser humano que desempeña alguna actividad que produce flujo. Siendo la dialógica entre habilidad y desafío un punto destacado de los planteamientos del autor, éste elabora un plano donde gráfica esta dialógica, definiendo a su vez el canal de flujo. El desarrollar alguna actividad que nos apasione conlleva en su hacer vivenciar, ansiedad, aburrimiento o flujo, por esto la interacción de habilidades y desafío debe ser proveedora para el ser humano de la oportunidad de actuar.

El desafío debe ser óptimo y concordante con las habilidades del ser humano para no producir las sensaciones negativas en el individuo que pretende fluir. Encontrar la actividad que nos apasiona no es solo una bendición para nuestra existencia al parecer al igual que el JUEGO, alguna otra actividad que amemos hacer y nos produzca felicidad es una forma de estar saludables, jugar y hacer lo que amamos nos mantiene equilibrados, y en la línea del encuentro del sentido de la vida… ser felices.
Si cualquier actividad que absorba al ser humano de la realidad cotidiana puede producir flujo, ¿Podemos decir que el juego es flujo? ¿Podemos decir que cualquier actividad que me haga feliz en la vida es fluir? ¿Acaso la vida es un juego? ¿Cuándo fluimos en actividades que nos apasionan estamos jugando?

Otra mirada es ver esa capacidad de gozar y disfrutar el momento vivido a través del juego, desde el punto de vista de la ludicidad, donde nuestra capacidad de sentir, expresar y comunicar se interrelacionan, con la finalidad de sentir placer y divertirse. La ludicidad sería una actitud de acompañamiento, un estado mental de apertura hacia una situación. A esa situación, cuando el resultado de un diseño o una escenificación, le llamaremos juego. (Huizinga, 1957).

¿Está en inmersión total Miguel cuando está realizando su pirueta más aclamada en diábolo? ¿Está en flujo placentero Carolina cuando va a máxima velocidad dentro de su carrera? ¿Está Cristian M. compenetrado con su energía, fluyendo hacia un estado de felicidad al momento de levantar una barra olímpica? ¿Está Cristian C. completamente liberado y feliz al tocar con maestría algún tema en su batería? ¿Está Antonio viviendo una experiencia óptima al participar de Rubikos momentos? ¿Está Eduardo completamente feliz al encestar una de tres puntos o romper marcas con su bicicleta?

Es que acaso en esos momentos, ¿Somos felices? ¿Somos saludables? ¿Estamos inmersos en una experiencia óptima? ¿Cómo hacer al momento de enfrentarnos al proceso de enseñanza-aprendizaje que nuestros estudiantes se sientan felices?




Bibliografía

  • Chopra, D. (1997). Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo. Crown Pub.
  • Csikszentmihalyi, M. (2000). Fluir una psicología de la felicidad. Editorial Kairós, Barcelona. España.
  • Huizinga, J. (1957). Homo ludens. Editorial Alianza. Madrid. España
  • Gutierrez, A. (2000). Metáfora e Ironía. Claves de la razón vital. Revista de filosofía, N°20. 107-123. Sevilla. España.
  • Orta-Cantón, A; Sicilia-Camacho, A. (2015). Investigando los momentos óptimos en el deporte: una revisión del constructo flow. Revista Brasileira de Ciências do Esporte, 37(1), 96-103. 
  • Mesurado, B. (2009). Comparación de tres modelos teóricos explicativos del constructo experiencia óptima o flow. Interdisciplinaria, Buenos Aires, v. 26.
  • Antwander, Paul. (2009). Autohipnosis, Entrene su mente. RIL® Editores, Providencia, Santiago de Chile. 



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