El JUEGO como fuente de salud
Queridos (as) amigos (as) que visitan nuestro blog, en el contexto de la salud y en una nueva mirada más allá de lo convencional farmacológico, compartimos una reflexión de una de las actividades humanas, “El JUEGO” que al parecer es fuente de salud. Acerca de esta aseveración se trae a colación una de las características del juego, que corresponde a que éste es placer y alegría. “El juego es una actividad voluntaria o una ocupación ejecutada dentro de ciertos límites fijados de tiempo y lugar, de acuerdo con reglas libremente aceptadas como absolutamente acatables, cuyo fin está en sí mismo y se acompaña de sentimientos de tensión, gozo y conciencia de que es “diferente” de la “vida cotidiana”. (Huizinga, citado por Mandoki, 2006, p. 169). Otro autor plantea que el juego es una forma natural de expresión y comprensión de los esquemas de conocimiento que tienen los niños, de tal forma que observarlos permite conocer lo que de verdad cree el niño sobre las cosas que juega. (Sarlé, P. 2001)
Lo que define al
juego es que uno juega sin razón, y que no debe haber razón para jugar. Jugar
es razón suficiente, en él está el placer de la acción libre, sin trabas, con
la dirección que el jugador quiere darle, que tanto se parece al arte, al
impulso creador. (Lin Yutang, citado por Trigo y De La Piñera. 2000)
Existe una renombrada
definición de salud de la (OMS) y que define de manera precisa y simple lo que
significa estar saludable, la cual enuncia que es el “Completo estado de
bienestar físico, psíquico y social, y no solo la ausencia de una enfermedad”.
El JUEGO es una experiencia placentera y alegre, ambas sensaciones se
encuentran presentes en quienes dan cuenta de salud en lo psíquico y también en
lo social. Junto a tales afirmaciones, la pregunta que surge es ¿En qué medida
el juego afecta a la salud?
Los pensamientos,
sentimientos y emociones afectan al cuerpo definiendo si una persona es
saludable o no; al respecto, Deepak, el neuroendocrinólogo indio, enuncia en la
cuarta idea del nuevo paradigma que propone: La bioquímica del cuerpo es
un producto de la conciencia. Creencias, pensamiento y emociones crean las
reacciones químicas que sostienen la vida en cada célula. Una célula envejecida
es el resultado final de la conciencia que ha olvidado como mantenerse nueva
(Chopra, 1997).
Efectivamente el
JUEGO es, junto al amor, uno de los fundamentos olvidados de lo humano
(Maturana, 2003), que a pesar de ser fuente de expresión que permite mantenerse
nuevo, ha quedado relegado a un segundo plano en una sociedad donde impera un
paradigma dualista y patriarcal. “Lo que nos enseña el nuevo paradigma es
que las emociones no son hechos fugaces, aislados en el espacio mental; son
expresiones de la conciencia, materia fundamental de la vida” (Chopra, 1997).
La persona es un organismo integrado, con dimensiones que se comunican y que
probablemente sean sólo una construcción humana que busca analizar para
entenderse mejor; en este sentido Chopra agrega que, “Nuestras células escuchan
constantemente a nuestros pensamientos y se ven cambiadas por ellos. Un ataque
de depresión puede causar desastres en el sistema inmunológico, enamorarse
puede fortalecerlo” (Chopra, 1997).
El placer y alegría
que ofrece la vivencia lúdica es una fuente de salud, de hecho “Se puede
demostrar que las tasas de muerte por cáncer y por enfermedades cardíacas son más
altas entre las personas que padecen tensiones psicológicas, y más baja entre
quienes tienen un fuerte sentido de resolución y bienestar” (Chopra, 1997). El
bienestar interno que se vivencia en la libertad del JUEGO fortalece, porque el
deleite, la alegría y la satisfacción que se experimenta mientras acontece el
juego, es fuente de vitalidad, nutriente saludable y existencial.
Una de las
manifestaciones de la alegría es la risa, y esta es una acción que se ve en
todo JUEGO; aquella expresión facial es la estrella reluciente de la vivencia
lúdica, y no es solo facial sino que corresponde a un gesto total de la
persona, tan total que juega un papel preponderante en las ámbitos de la salud
antes mencionados. Al respecto, “La risa combate el insomnio, y el apetito
desmesurado. Reír resulta beneficioso para el corazón, las vías respiratorias,
el aparato digestivo, el sistema nervioso y estimula las defensas del
organismo” (Serra, 1997 citado por Trigo et al., 1999, p. 110), además, cuando
somos capaces de meditar en la sonrisa interior, generamos endorfina,
sustancias bioquímicas que se localizan en el cerebro, y que en el momento de
reír empiezan a circular a través de la sangre. Ello facilita el desbloqueo
energético desechando así las toxinas emocionales que portamos en el cuerpo, a
partir de ahí conectamos con nuestra sabiduría interior. (Serra, 1997 citado
por Trigo et al., 1999: 110).
Para que la risa se produzca, Se
activa el hemisferio izquierdo primero y luego el derecho antes de que el buen
humor se manifieste de modo externo. No es escasa la bibliografía referente a
los beneficios del buen humor, entre los cuales se cuentan: psicológicos,
inmunológicos, respiratorios, circulatorios, hormonales, musculoesqueléticos,
comunicacionales, digestivos, descanso y sueño. En referencia a lo
psíquico, la risa moviliza nuestras vísceras, despierta una especial energía
interior que alimenta y retroalimenta, el corazón late con mayor vigor y la
respiración parece entrecortarse por la emoción que la acompaña; como un
verdadero desbloqueador, libera y al mismo tiempo protege, contagia e invita a
la complicidad con un otro.
El juego, grandioso momento de libertad de todos
los seres vivos. Estos minutos u horas logran generar en nosotros emociones que
nos llenan de energía, de alegría, de integración con los otros a mi lado y que
por supuesto, nos dan libertad. Esta libertad del alma, de esa libertad en la
que tan bien se menciona “a nuestro niño interior”. Dejamos que este niño se
divierta, que escape del deber ser y del deber hacer que exigen los años, la
experiencia ganada, las cárceles de la madurez, de la seriedad y del “ser
productivo”.
El juego nos enfrenta con nuestros límites
emocionales, físicos y sociales. Llegamos a un punto donde nos cuestionamos si
debemos dejarnos llevar, si es prudente mostrarnos tal cual somos y compartir
con el otro aquella esencia que mantenemos oculta en el diario vivir y que
finalmente se logra expresar en su completa expresión a través de esta
energizante actividad llamada juego. Este
nos hace libre, dejamos fluir aquella energía vital que nos inyecta de cada vez
más a medida que la dejamos ir. Nos libera de todo aquel mundo que nos exige formalidades,
estructuras, jerarquías y expectativas sociales.
¿Porque al jugar dejamos ir al “niño interior”? ¿En
qué momento el juego deja de formar parte del hombre adulto? El hecho de que
jugar sea visto como un acto infantil, le ha quitado la posibilidad al ser
humano de disfrutar de su cuerpo en contacto con el espacio y con el mundo que
lo rodea, le ha quitado la gran posibilidad de recargarse de esa energía vital
que se obtiene de las sonrisas, de las incertidumbres, de la adrenalina y del
relajo completo. Los niños se caracterizan por jugar de forma espontánea, sin
reglas, sin nombres, sin prejuicios y entregándose por completo a esos
momentos. El niño está feliz, relajado, lleno de energía y mantiene ese
espíritu durante todo momento interactuando de forma positiva con el mundo
e inyectando de este mismo positivismo a los otros. “Así,
lo que en cierto sentido puede ayudar a que un individuo sea más libre en el
marco del juego, puede trascender el terreno de éste, haciendo que el individuo
sea más libre con respecto a ciertos aspectos de su vida.” (Argüello, 2010)
Lo que esta autora
expresa debe ser uno de los mejores beneficios que se obtiene de jugar. La idea
de que a través de esta actividad podamos traspasar estas emociones y actitudes
a todos los otros ámbitos en que nos desarrollamos, nos llevaría a estar menos
reprimidos, estresados, a sociabilizar más con el mundo que habitamos, a
irradiar energía y sencillamente, a ser más positivos al igual que logran
hacerlo los niños.
En definitiva
el JUEGO es salud porque en el placer y alegría que le son propias, se juega el
bien- estar. Las ideas presentadas son claras, se evidencia entonces que la
emoción es un incidente directo a la fisiología de nuestro cuerpo, mas ¿Es
suficiente esta pequeña propuesta? Quizás surgen muchas más preguntas y
quisiéramos visualizarlas junto a ustedes para poder encontrar las respuestas
en nuestro compartir.
Amigos (as), al
parecer el juego en su alegría y placer favorecen el sistema inmune ¿Pero en
qué medida lo hace? ¿Cuáles son los procesos endocrinos que producen esta
positiva consecuencia? ¿Cómo la bioquímica del cuerpo está determinada por la
conciencia? ¿Cuáles y cómo son estos procesos? ¿Es el juego en su risa, en su
inmersión total una situación tensa estimulatoriamente eficaz que produce un
estrés positivo, asegurando la adaptación?
Los invitamos a
pensar y ayudarnos a responder estos cuestionamientos de años.
Bibliografía:
- Argüello, C. (2010). El
juego como práctica de la libertad: La imposición y la construcción de
reglas. Voces y Silencios:
Revista Latinoamericana de Educación, Vol. 1, No. 2, 141-157
ISSN: 2215-8421 - Chopra, D. (1997). Cuerpos sin edad, mentes
sin tiempo. Crown Pub.
- Mandoki, K. (2006). Prácticas estéticas e
identidades sociales: Prosaica II (Vol. 2). Siglo XXI.
- Maturana, H. R., & Verden-Zöller, G.
(2003). Amor y juego: fundamentos olvidados de lo humano, desde el
patriarcado a la democracia. JC Sáez Editor.
- O.M.S. (1948). Constitución de la O.M.S.
Ginebra: Organización Mundial de la Salud. Disponible en
http://www.who.int/governance/eb/who_constitution_sp.pdf
- Ruiz Gómez, M. Carmen et al . Terapias
complementarias en los cuidados: Humor y risoterapia. Index Enferm,
Granada, v. 14, n. 48-49, jun. 2005. Disponible en
<http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962005000100008&lng=es&nrm=iso>.
accedido en 27 jul. 2015.
- Sarlé, P. (2001). Juego y aprendizaje escolar.
Los rasgos del juego en la educación infantil. Buenos Aires: Novedades
Educativas.
- Trigo, E., Alvarez, M., Aragunde, J. L.,
García, J., Graña, L., Fernández, D., & Sánchez, M. (1999).
Creatividad y motricidad. Barcelona: Inde. ISBN: 84-95114-82-8
- Trigo, E., & de la Piñera, S. (2000). Manifestaciones de la motricidad.
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