domingo, 26 de julio de 2015

El JUEGO como fuente de salud


Queridos (as) amigos (as) que visitan nuestro blog, en el contexto de la salud y en una nueva mirada más allá de lo convencional farmacológico, compartimos una reflexión de una de las actividades humanas, “El JUEGO” que al parecer es fuente de salud. Acerca de esta aseveración se trae a colación una de las características del juego, que corresponde a que éste es placer y alegría. “El juego es una actividad voluntaria o una ocupación ejecutada dentro de ciertos límites fijados de tiempo y lugar, de acuerdo con reglas libremente aceptadas como absolutamente acatables, cuyo fin está en sí mismo y se acompaña de sentimientos de tensión, gozo y conciencia de que es “diferente” de la “vida cotidiana”. (Huizinga, citado por Mandoki, 2006, p. 169). Otro autor plantea que el juego es una forma natural de expresión y comprensión de los esquemas de conocimiento que tienen los niños, de tal forma que observarlos permite conocer lo que de verdad cree el niño sobre las cosas que juega. (Sarlé, P. 2001)

Lo que define al juego es que uno juega sin razón, y que no debe haber razón para jugar. Jugar es razón suficiente, en él está el placer de la acción libre, sin trabas, con la dirección que el jugador quiere darle, que tanto se parece al arte, al impulso creador. (Lin Yutang, citado por Trigo y De La Piñera. 2000)

Existe una renombrada definición de salud de la (OMS) y que define de manera precisa y simple lo que significa estar saludable, la cual enuncia que es el “Completo estado de bienestar físico, psíquico y social, y no solo la ausencia de una enfermedad”. El JUEGO es una experiencia placentera y alegre, ambas sensaciones se encuentran presentes en quienes dan cuenta de salud en lo psíquico y también en lo social. Junto a tales afirmaciones, la pregunta que surge es ¿En qué medida el juego afecta a la salud?

Los pensamientos, sentimientos y emociones afectan al cuerpo definiendo si una persona es saludable o no; al respecto, Deepak, el neuroendocrinólogo indio, enuncia en la cuarta idea del nuevo paradigma que propone: La bioquímica del cuerpo es un producto de la conciencia. Creencias, pensamiento y emociones crean las reacciones químicas que sostienen la vida en cada célula. Una célula envejecida es el resultado final de la conciencia que ha olvidado como mantenerse nueva (Chopra, 1997).

Efectivamente el JUEGO es, junto al amor, uno de los fundamentos olvidados de lo humano (Maturana, 2003), que a pesar de ser fuente de expresión que permite mantenerse nuevo, ha quedado relegado a un segundo plano en una sociedad donde impera un paradigma dualista y patriarcal. “Lo que nos enseña el nuevo paradigma es que las emociones no son hechos fugaces, aislados en el espacio mental; son expresiones de la conciencia, materia fundamental de la vida” (Chopra, 1997). La persona es un organismo integrado, con dimensiones que se comunican y que probablemente sean sólo una construcción humana que busca analizar para entenderse mejor; en este sentido Chopra agrega que, “Nuestras células escuchan constantemente a nuestros pensamientos y se ven cambiadas por ellos. Un ataque de depresión puede causar desastres en el sistema inmunológico, enamorarse puede fortalecerlo” (Chopra, 1997).

El placer y alegría que ofrece la vivencia lúdica es una fuente de salud, de hecho “Se puede demostrar que las tasas de muerte por cáncer y por enfermedades cardíacas son más altas entre las personas que padecen tensiones psicológicas, y más baja entre quienes tienen un fuerte sentido de resolución y bienestar” (Chopra, 1997). El bienestar interno que se vivencia en la libertad del JUEGO fortalece, porque el deleite, la alegría y la satisfacción que se experimenta mientras acontece el juego, es fuente de vitalidad, nutriente saludable y existencial.

Una de las manifestaciones de la alegría es la risa, y esta es una acción que se ve en todo JUEGO; aquella expresión facial es la estrella reluciente de la vivencia lúdica, y no es solo facial sino que corresponde a un gesto total de la persona, tan total que juega un papel preponderante en las ámbitos de la salud antes mencionados. Al respecto, “La risa combate el insomnio, y el apetito desmesurado. Reír resulta beneficioso para el corazón, las vías respiratorias, el aparato digestivo, el sistema nervioso y estimula las defensas del organismo” (Serra, 1997 citado por Trigo et al., 1999, p. 110), además, cuando somos capaces de meditar en la sonrisa interior, generamos endorfina, sustancias bioquímicas que se localizan en el cerebro, y que en el momento de reír empiezan a circular a través de la sangre. Ello facilita el desbloqueo energético desechando así las toxinas emocionales que portamos en el cuerpo, a partir de ahí conectamos con nuestra sabiduría interior. (Serra, 1997 citado por Trigo et al., 1999: 110).

Para que la risa se produzca, Se activa el hemisferio izquierdo primero y luego el derecho antes de que el buen humor se manifieste de modo externo. No es escasa la bibliografía referente a los beneficios del buen humor, entre los cuales se cuentan: psicológicos, inmunológicos, respiratorios, circulatorios, hormonales, musculoesqueléticos, comunicacionales, digestivos, descanso y sueño. En referencia a lo psíquico, la risa moviliza nuestras vísceras, despierta una especial energía interior que alimenta y retroalimenta, el corazón late con mayor vigor y la respiración parece entrecortarse por la emoción que la acompaña; como un verdadero desbloqueador, libera y al mismo tiempo protege, contagia e invita a la complicidad con un otro.

El juego, grandioso momento de libertad de todos los seres vivos. Estos minutos u horas logran generar en nosotros emociones que nos llenan de energía, de alegría, de integración con los otros a mi lado y que por supuesto, nos dan libertad. Esta libertad del alma, de esa libertad en la que tan bien se menciona “a nuestro niño interior”. Dejamos que este niño se divierta, que escape del deber ser y del deber hacer que exigen los años, la experiencia ganada, las cárceles de la madurez, de la seriedad y del “ser productivo”.

El juego nos enfrenta con nuestros límites emocionales, físicos y sociales. Llegamos a un punto donde nos cuestionamos si debemos dejarnos llevar, si es prudente mostrarnos tal cual somos y compartir con el otro aquella esencia que mantenemos oculta en el diario vivir y que finalmente se logra expresar en su completa expresión a través de esta energizante actividad llamada juego. Este nos hace libre, dejamos fluir aquella energía vital que nos inyecta de cada vez más a medida que la dejamos ir. Nos libera de todo aquel mundo que nos exige formalidades, estructuras, jerarquías y expectativas sociales.

¿Porque al jugar dejamos ir al “niño interior”? ¿En qué momento el juego deja de formar parte del hombre adulto? El hecho de que jugar sea visto como un acto infantil, le ha quitado la posibilidad al ser humano de disfrutar de su cuerpo en contacto con el espacio y con el mundo que lo rodea, le ha quitado la gran posibilidad de recargarse de esa energía vital que se obtiene de las sonrisas, de las incertidumbres, de la adrenalina y del relajo completo. Los niños se caracterizan por jugar de forma espontánea, sin reglas, sin nombres, sin prejuicios y entregándose por completo a esos momentos. El niño está feliz, relajado, lleno de energía y mantiene ese espíritu durante todo momento interactuando de forma positiva con el mundo e inyectando de este mismo positivismo a los otros. “Así, lo que en cierto sentido puede ayudar a que un individuo sea más libre en el marco del juego, puede trascender el terreno de éste, haciendo que el individuo sea más libre con respecto a ciertos aspectos de su vida.” (Argüello, 2010)

Lo que esta autora expresa debe ser uno de los mejores beneficios que se obtiene de jugar. La idea de que a través de esta actividad podamos traspasar estas emociones y actitudes a todos los otros ámbitos en que nos desarrollamos, nos llevaría a estar menos reprimidos, estresados, a sociabilizar más con el mundo que habitamos, a irradiar energía y sencillamente, a ser más positivos al igual que logran hacerlo los niños.

En definitiva el JUEGO es salud porque en el placer y alegría que le son propias, se juega el bien- estar. Las ideas presentadas son claras, se evidencia entonces que la emoción es un incidente directo a la fisiología de nuestro cuerpo, mas ¿Es suficiente esta pequeña propuesta? Quizás surgen muchas más preguntas y quisiéramos visualizarlas junto a ustedes para poder encontrar las respuestas en nuestro compartir.

Amigos (as), al parecer el juego en su alegría y placer favorecen el sistema inmune ¿Pero en qué medida lo hace? ¿Cuáles son los procesos endocrinos que producen esta positiva consecuencia? ¿Cómo la bioquímica del cuerpo está determinada por la conciencia? ¿Cuáles y cómo son estos procesos? ¿Es el juego en su risa, en su inmersión total una situación tensa estimulatoriamente eficaz que produce un estrés positivo, asegurando la adaptación?

Los invitamos a pensar y ayudarnos a responder estos cuestionamientos de años.








Bibliografía:
  • Argüello, C. (2010). El juego como práctica de la libertad: La imposición y la construcción de reglas. Voces y Silencios: Revista Latinoamericana de Educación, Vol. 1, No. 2, 141-157
    ISSN: 2215-8421
  • Chopra, D. (1997). Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo. Crown Pub.
  • Mandoki, K. (2006). Prácticas estéticas e identidades sociales: Prosaica II (Vol. 2). Siglo XXI.
  • Maturana, H. R., & Verden-Zöller, G. (2003). Amor y juego: fundamentos olvidados de lo humano, desde el patriarcado a la democracia. JC Sáez Editor.
  • O.M.S. (1948). Constitución de la O.M.S. Ginebra: Organización Mundial de la Salud. Disponible en http://www.who.int/governance/eb/who_constitution_sp.pdf
  • Ruiz Gómez, M. Carmen et al . Terapias complementarias en los cuidados: Humor y risoterapia. Index Enferm, Granada, v. 14, n. 48-49, jun. 2005. Disponible en <http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962005000100008&lng=es&nrm=iso>. accedido en 27 jul. 2015.
  • Sarlé, P. (2001). Juego y aprendizaje escolar. Los rasgos del juego en la educación infantil. Buenos Aires: Novedades Educativas.
  • Trigo, E., Alvarez, M., Aragunde, J. L., García, J., Graña, L., Fernández, D., & Sánchez, M. (1999). Creatividad y motricidad. Barcelona: Inde. ISBN: 84-95114-82-8
  • Trigo, E., & de la Piñera, S. (2000). Manifestaciones de la motricidad.

sábado, 18 de julio de 2015

La Corporeidad


El cuerpo es una palabra, que podemos utilizar como un medio, como un nexo entre el pasado, el presente y el futuro, es el mundo en el que habitamos y desde donde percibimos la realidad externa, que al ser vista como una red o un conjunto de procesos, no es tan externa, es conexión entre lo que sentimos y lo que pensamos, es un medio para comunicarnos con el medio externo, es nuestra forma de expresión y por tanto es arte que transmite y genera emociones, desde otra mirada podemos comprender el cuerpo desde la epistemología de la motricidad humana y hablar de corporeidad que de manera simple corresponde al “somos nosotros como seres en el mundo”

Pero ¿Cómo entender la corporeidad de manera profunda? “En las sociedades tradicionales el ser humano está mezclado con el cosmos, con la naturaleza, con la comunidad y la imagen del cuerpo es una imagen de sí, alimentadas con las materias primas que componen la naturaleza y el cosmos, es una especie de indistinción.” (Le Breton, 2002)

¿Conexiones? ¿Complejidad del ser humano? ¿Somos o poseemos un cuerpo? Para Zubiri (1986) somos una complejidad, una serie de 7 notas que responden a la visión dualista de dividir el cuerpo en dos. Quizás suene paradójica la visión contestataria de decir que no estamos divididos en dos y que efectivamente somos una unidad indivisible compuesta por 7 cuerpos, más esos elementos solo se dividen para hacernos conscientes de nuestra multidimensionalidad interna porque se determinan para entender que efectivamente jamás estamos divididos, y es en la misma explicación que se ve la complejidad del ser humano, pues somos seres físicos, mágicos, culturales, emocionales, mentales, inconscientes y trascendentes.

¿Conciencia? Es aquí donde nos enfrentamos a situaciones donde tomamos conciencia de nuestro cuerpo, que somos cuerpo, cuando nos enfrentamos a diversas situaciones o factores externos, tales como situaciones que nos causan dolor o malestar: Lesiones, cambios físicos, discapacidad. También cuando existe una norma estética de determinadas características corporales a nivel social, nos hacen cuestionarnos y tomar consciencia de nuestro cuerpo. Todo esto, se ve acentuado a través de los medios de comunicación, una vez que ya estamos conscientes de nuestro cuerpo, nos preguntamos si realmente lo estamos respetando y satisfaciendo las necesidades que presenta.

Cada uno siente que respeta su cuerpo, pero desde una visión que a veces no responde a lo que por sentido común se entiende cuidar y respetar el cuerpo. Lo respetamos en la medida que nos sentimos felices y plenos con nuestras acciones, pero no lo cuidamos desde la perspectiva fisiológica al consumir o dejar de consumir ciertas sustancias, líquidos o alimentos, Intentamos satisfacer nuestras necesidades, organizando nuestro tiempo para poder hacer todas las actividades que involucran sentirnos bien: hacer deporte, compartir con otros, alimentarnos, descansar, entre muchas otras. Nos movemos por la necesidad de dar respuesta a todas nuestras necesidades y esto permite una relación de nuestro cuerpo y mente, pues el cuerpo no termina para que comience otra dimensión, sino que se conecta y difumina con ellas.

Aceptando la importancia del todo, no se debe ver como parte de una dualidad, no se debe separar lo que somos. El cuerpo nos completa, nos integra, no es "una" parte, sino que es parte de nosotros, es un medio de expresión y podrá cumplir esta misión en la medida que dejemos de restringirlo y lo aceptemos, integrando aquellas circunstancias, situaciones y desafíos, si cambiamos el contexto o el enfoque, seremos nosotros, quienes determinemos las circunstancias de la vida cotidiana. No se trata de ser utópico, sino optimista, pues no sólo la vida cotidiana nos determina, somos parte de esa vida y sería muy triste pensar que no podemos ser determinantes en ella.

¿Somos conscientes de las limitantes y posibilidades que nuestro propio cuerpo nos entrega? A partir de la cultura, los invitamos a cuestionar y responder esta pregunta, recordando la premisa de que no sólo poseemos, sino más bien, somos cuerpo.

Bibliografía
  • Dawkins, Richard. El gen egoísta; Juana Robles (Trad.); Versión española de la nueva edición inglesa de la obra The selfish gene, publicada por Oxford University Press; Edit. Salvat S. A. Barcelona, 1993. 288 p. ISBN: 84-345-8880-3
  • Maslow, A.H. (1943). A theory of human motivation. Pyschological Review, Vol. 50, pp. 370-396. Recuperado en 8 de julio de 2015, de http://psychclassics.yorku.ca/Maslow/motivation.htm
  • Capra, Fritjof. Sabiduría insólita. Conversaciones con personajes notables; Enric Tremps(Trad.) 2a Ed., Barcelona: Edit. Kairós, 1988. 394 p. ISBN: 84-7245-322-7
  • Ribeiro, Lair. La comunicación eficaz; Juan Bastanzo (Trad.) Ediciones Urano S.A. 1994. 155 p. ISBN: 84-7953-086-3
  • Johnson, Felipe. (2011). El cuerpo como posibilidad de la vida: el modo de despliegue del mundo concreto. Alpha (Osorno), (33), 115-130. Recuperado en 8 de julio de 2015, de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22012011000200009&lng=es&tlng=es.. 10.4067/S0718-22012011000200009.
  • Montenegro Medina, María Angélica, Ornstein Letelier, Claudia, & Tapia Ilabaca, Patricia Angélica. (2006). Cuerpo y corporalidad desde el vivenciar femenino. Acta bioethica, 12(2), 165-168. Recuperado en 8 de julio de 2015, de http://www.scielo.cl/scielo.phpscript=sci_arttext&pid=S1726569X2006000200004&lng=es&tlng=es.. 10.4067/S1726-569X2006000200004.
  • Bohórquez, F. , Trigo, E., (2006). Corporeidad energía y trascendencia, somos siete cuerpos (identidades o notas). Revista pensamiento educativo, 38 75 – 93.
  • Abarca, Mireia; Marzo, Lourdes & Sala, Josefina (2002). La educación emocional y la interacción profesor/a-alumno/a. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 5(3). Recuperado de http://www.aufop.org/publica/reifp/02v5n3.asp